Mamporros y chantajes

El día que se evalúen los daños de esta herida común de Cataluña, no habrá compañía de seguros que los asuma

ELENA MORENO SCHEREDRE

Un amigo escritor me argumentaba que el éxito de un relato tiene que ver mucho con que en su inicio se apuntale sutilmente el final. Descabezados y cabreados, los CDR catalanes han ocupado las calles colindantes al Parlament, reclamando las promesas que sus socios les hicieron hace ahora un año. Los conservadores nacionalistas, sepultados en una corrupción endogámica, les necesitaban para embarcarles en la gran cruzada republicana e independentista. Servían para tapar las miserias; eran sangre nueva, anarquista y revolucionaria. Les venían como anillo al dedo para tapar sus opacas y aburguesadas miserias. Así que consiguieron sus votos y dieron la imagen de que Cataluña era una, grande y sobre todo nacionalista. Ahora, los Mossos d'esquadra, al mando del señor Torra, en menos que canta un gallo les han puesto finos a mamporros cuando reclamaban la letra grande de lo que «puedo prometer y prometo». Si yo fuera ellos también me enfadaría y mucho. En realidad, y cuestionando las formas, son los únicos que han mostrado una cierta coherencia en medio del despropósito del 'procés'. Cuando la ley y el orden pasa de mano en mano como la falsa moneda, y los Mossos d'esquadra se trasmutan de héroes a villanos cada cierto tiempo es que algo va mal.

El papá y la mamá Pujol rentabilizaron la massía transpirenaica sorteando presidentes de Gobierno en un circuito digno de la Fórmula Uno. La última es que uno de los Pujol anda pidiendo amparo a Villarejo, lo cual hace enmudecer de perplejidad por el arrojo y prepotencia de este delfín. Todos sabemos que los ciudadanos somos ciegos, o en el mejor de los casos tuertos, cuando de negociaciones políticas se trata. Los datos que tenemos nos ofrecen el olor de la olla en ebullición que se ha ido preparando. La sutil tibieza de Sánchez, la otrora patosa intervención de Rajoy, Puigdemont diciendo que los que tiran piedras no son de los suyos (¡i tant!), y este señor Torra, de sonrisa clerical y amenazante, no han hecho sino dejar, como de costumbre, el muerto en la calle. El primer pleno del Parlament en tres meses nos ofrece dos perlas preciosas; un chantaje nada velado al presidente Sánchez y una amenaza al Estado bajo la advertencia de que si hay condena para los exparlamentarios encarcelados tendrá argumento para considerar sus movimientos. Los CDR harían bien en optar por la transparencia en lugar de la violencia. Tienen sobre la mesa un silencio informativo más revolucionario que cualquier cosa. Espero que se haya colado un poco de luz en la alcoba del inusitado matrimonio político que hizo posible la fractura de Cataluña. El día que se evalúen los daños de esta herida común y democrática, no va a haber compañía de seguros, partido o constitución que los asuma. Menos aún podrán repararse los corazones partidos.

 

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