Los más listos

MAYTE CIRIZA

Están jugando un partido de baloncesto, son chicos jóvenes en sillas de ruedas, alguno se cae con la silla, pero con extraordinaria agilidad vuelve a la posición original; luchan por el balón, encestan, chocan, juegan con pasión cada pelota y celebran cada canasta como si fuera la que decide una final. Al acabar el partido, todos se liberan de las correas que les sujetan a las sillas y salen caminando de la cancha. Todos menos uno, que tiene una discapacidad y sale de la pista en la misma silla de ruedas. En la siguiente escena están tomando unas cañas en un bar, sentados en torno a una mesa, se levantan a por las cervezas, excepto uno de ellos, que sigue en su silla de ruedas. Es el anuncio de una marca de cerveza.

El anuncio es buenísimo, magnífico, y más allá del mensaje publicitario implícito de que los amigos cuando están juntos toman una cerveza, es una historia entrañable de amistad. El que tiene que ir en silla de ruedas no puede jugar con sus amigos un partido de baloncesto habitual, así que sus amigos se ponen en silla de ruedas para poder jugar todos juntos el partido. Una muestra maravillosa de empatía y de bondad.

La palabra bondad no goza de buena prensa. En nuestra sociedad hay una exaltación de la competitividad despiadada, del maquiavelismo, del tanto tienes tanto vales. Pero la competitividad no está reñida con la bondad. Sostiene Rojas Marcos que la bondad es genética, que no es fruto de enseñanzas, religiones o mitologías, sino que es una capacidad genética para sobrevivir. La bondad es necesaria para convivir.

Los seres humanos, al ocuparnos de los que nos rodean, aseguramos nuestra supervivencia y la de nuestra especie. Claro que existe la maldad, pero la mayoría de las personas piensa, de forma más o menos consciente, que lo mejor que podemos hacer es ser buenos. Ser bueno no quiere decir ser blando, ingenuo o una persona sin carácter. Al contrario, las buenas personas tienen una gran personalidad y transmiten energía, entusiasmo y optimismo.

Cuando somos buenos con los demás sentimos una íntima satisfacción que nunca se puede experimentar desde el egoísmo. Es decir, ser buenos nos hace más felices. Hay que reivindicar a Machado, cuando en su 'Retrato' escribe: «Soy, en el buen sentido de la palabra, bueno». Bueno en el sentido moral, es decir, buena persona, buen ciudadano, buena gente. En España se asocia ser bueno con ser tonto, pero siempre el día a día nos demuestra que los más buenos son los más listos.

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