La ola

MARÍA ANTONIA SAN FELIPE

Solo se es consciente de la dimensión de una ola cuando te envuelve. Podemos decir que el oleaje crece sin que seamos conscientes de quien lo alimenta, la vieja Europa es hoy por hoy su principal objetivo. Una oleada de populismo xenófobo trata de quebrar la sociedad y puede engullir los principios básicos sobre los que se construyó la Europa democrática después de la Segunda Guerra mundial. El discurso se abre camino, también en la América de Trump, y avanza sostenido sobre el cinismo político sin que un discurso ideológico alternativo le haga frente dibujando un horizonte que induzca a la esperanza. La propia socialdemocracia que fue locomotora ideológica para conseguir los derechos que conforman el estado de bienestar europeo encuentra dificultades evidentes para construir un discurso que le reconcilie con quienes fueron su tradicional electorado. Creo que aquí radica el problema, es necesario cuajar un discurso europeo que supere la fuerza creciente de los nacionalismos exacerbados y excluyentes que van más allá del legítimo orgullo por la propia patria. En realidad, el sueño europeísta superaba las diferencias nacionales para crear un espacio común en el que la diversidad no fuera una amenaza sino un valor a potenciar y proteger.

No citaré mi coincidencia con un político, sino con un músico. Me refiero a Bono, el cantante de la banda irlandesa U2 que, en su gira por Alemania, escribía en el Frankfurter Allgemeine, resaltando el valor de esa Europa que unió en paz a países que antaño guerreaban para construir un espacio común con gentes tan diversas en opiniones, en costumbres o en lenguas. Ese fue el sueño, aunque hoy podemos constatar que la libertad y el bienestar que venían de esa Europa se ha transformado en incertidumbres porque cada país tira de la cuerda desde un proyecto nacional y no desde un proyecto comunitario. El discurso es muy antiguo y muy peligroso.

Miremos lo que está ocurriendo. En las últimas elecciones en Suecia el partido racista Demócratas Suecos ha logrado el 17,7% de los votos (5 puntos más que en 2014), mientras que los socialdemócratas ganaron con el peor resultado de su historia, el 26%. Por su parte la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD) es, según los sondeos, la segunda fuerza del país que gobierna desde hace años la canciller Angela Merkel, cuyo partido la CDU y su socio bávaro (CSU) se quedan en el 28%, su peor marca desde 1997, mientras que el partido socialdemócrata (SPD) sigue sin frenar su caída (17%). No podemos perder de vista los derroteros de lo que está pasando con la deriva ultranacionalista de Hungría, Polonia o Italia, donde la xenofobia y el antieuropeísmo se dan la mano y se fortalecen con el odio al diferente, al extranjero, al otro, en definitiva. En España también está germinando con fuerza, de ahí la encarnizada pelea entre los partidos de la derecha para consolidar el voto ultra que se alimenta con bulos desde las redes sociales y falseando la realidad desde algunas élites políticas que encuentran eco en la prensa sensacionalista. Nada es gratis, todo está calculado, estas señales no pueden pasar desapercibidas. Se está exaltando un nacionalismo excluyente como si fuera un legítimo sentimiento patriótico. Como dice el cantante dublinés, «la palabra patriotismo nos ha sido robada por nacionalistas y extremistas que exigen uniformidad. Los verdaderos patriotas buscan unidad por encima de la homogeneidad y esto es para mí el verdadero proyecto europeo», y se pregunta Bono: «¿Podemos poner nuestros corazones en esta lucha?». Yo también creo que merece la pena ponerle a esta tarea no solo inteligencia sino también corazón, será la manera de alejar los fantasmas que nos retrotraen a la Europa de los años treinta del pasado siglo en las que ondearon las mismas banderas excluyentes que hoy agitan los hijos de los ultranacionalistas. Para ello habrá que utilizar sus propias armas y para conseguir salvar a Europa del regreso a los autoritarismos es necesario seguir a Bono: «Europa es un pensamiento que necesita convertirse en un sentimiento». Ese es el camino por el que se debe transitar antes de que la ola anegue el espacio más antiguo en el que crecieron democracia y libertad. No hay mejor bandera que poder izar.

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