Juego de espías en el PP

Crecen las voces en favor de rescatar el acuerdo para renovar el Consejo General del Poder Judicial

MARGARITA SÁENZ-DIEZ

Quienes conocen bien la forma de trabajar del Partido Popular en relación al quintal de problemas creados por la trama 'Gürtel', cuentan que allá por el año 2009, gobernando el partido Mariano Rajoy, con la instrucción del caso en pleno auge, algún brillante alto cargo popular tomó la decisión de que la mejor manera de poder descubrir de qué pie cojeaba el adversario era seguirlo muy de cerca. Averiguar qué pasos daba. En qué líos se metía.

De ahí, explican, se decidió contar con la ayuda de algunos especialistas en el arte de la investigación, es decir detectives, para recopilar información útil que se pudiera ofrecer a los medios de comunicación, si conviniere.

Algo que encaja con la dimisión de la ex secretaria general del Partido Popular María Dolores de Cospedal tras las grabaciones que demostraban sus tejemanejes con el excomisario de policía, José Manuel Villarejo, autor de audios diversos sobre personajes de todos los ámbitos de la política y de la sociedad. Es decir, que en el PP no es una novedad encargar informes sobre los demás.

Por eso, se puede sospechar sobre lo que puede haber detrás de los artículos de prensa que hoy proliferan, destapando supuestos escándalos de ministros y ministras, rumores descabellados, que agreden sin sentido y de forma intolerable a sus familias, y falsas noticias que conducen a hacer mucho ruido y a deteriorar su imagen.

¿De dónde sale tanta proliferación de datos en su mayoría inciertos o exagerados? Si el PP, como parece, es un partido de arraigadas costumbres que aconsejan no tirar por la borda aquello que funcionó bien, sería hasta coherente recuperar aquellas experiencias para investigar a personas que asumen o han asumido importantes responsabilidades políticas. Es el caso que ocuparía ahora a un determinado grupo de investigadores. Se trataría de organizar grandes repiqueteos que menoscaben la imagen de los miembros del Gobierno a fin de hacerlos más vulnerables.

Y es que desde la oposición, por la vía de la política convencional, sin las protecciones que proporciona el poder, algunas actuaciones atribuidas al PP serían particularmente torpes. El asunto del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) ha sido el más llamativo. Tras el famoso wasap del portavoz popular en el Senado, Ignacio Cosidó, haciendo gala de controlar el Tribunal Supremo «por detrás», rompieron el acuerdo sobre el nombramiento de vocales y han dejado a la institución en la difícil situación de tener que prorrogar el actual CGPJ con su presidente Carlos Lesmes a la cabeza, que será quien aplique la nueva reforma judicial prevista para enero. Pero muchos juristas, también desde las filas más conservadoras, abogan ahora por rescatar aquel acuerdo de renovación del CGPJ. Si no, no harán falta detectives para saber que el desastre está servido.

 

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