Italia, el déficit del populismo

Es falaz el argumento de que la tercera potencia de la UE necesita incumplir sus compromisos con Bruselas para impulsar su economía

La Comisión Europea ha rechazado los Presupuestos para 2019 que le ha remitido Italia, con la indicación de que los corrija en tres semanas. La medida, sin precedentes en la UE, se fundamenta en que el proyecto supera con holgura los objetivos de déficit al incorporar un desfase entre gastos e ingresos equivalente al 2,4% del PIB, con una deuda del 130%. El Gobierno de Giuseppe Conte, Salvini y Di Mateo ha manifestado que no tiene intención alguna de modificar sus propósitos y solo contempla la eventualidad de variar de rumbo si sus expectativas de crecimiento se ven superadas o no llegan a alcanzar los objetivos que se ha fijado la coalición formada por los populistas de Cinco Estrellas y los ultras de la Liga. Roma considera imprescindible dotarse de un amplio margen de gasto público, financiado a cuenta del déficit, para dar paso definitivamente a la recuperación económica. Se trata de un argumento engañoso, si no falaz. Italia ha contado con más flexibilidad que el resto de los países de la Unión a la hora de aplicar el Pacto de Estabilidad y Crecimiento. Si la Comisión admitiera el proyecto de Presupuestos habría demasiados socios tentados a seguir sus pasos desde el próximo ejercicio y, a partir de ahí, sería casi imposible disciplinar fiscalmente la Unión. Ahora se abre un periodo de idas y vueltas entre Bruselas y Roma, en el que la confrontación pública deberá ser encauzada hacia el terreno de la negociación. Pero ésta solo será posible si el Gobierno italiano deja de responsabilizar a la UE de las dificultades que afrontan la economía y la sociedad de aquel país, y de vincular la mejora de las actuales circunstancias al desarrollo de una política insolidaria hacia los demás socios. Es más que probable que pretenda mantenerse en sus trece sin que ello le suponga penalización alguna por parte de la Comisión. Pero tan abierta discrepancia no es inocua, ni podrá soslayarse mediante un apaño de última hora, puesto que afecta a la solvencia de las finanzas públicas en Italia y en la Europa comunitaria, que son observadas con preocupación por parte de los mercados, aunque están siendo los primeros en evitar señales de alarma. El riesgo inmediato es que el populismo gobernante en Italia, la tercera potencia de la Eurozona, contribuya a la incertidumbre institucional y a la volatilidad de su economía por su negativa a atender los criterios de Bruselas y las normas comunes a la UE como baza política.

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