Israel, en tono menor

El marco geográfico de la interminable crisis judeo-árabe deriva hacia un conflicto distinto

ENRIQUE VÁZQUEZ

Sólo los veteranos, empezando por el indispensable Amos Harel en el diario israelí «Haaretz», han prestado gran atención al último incidente entre el movimiento islamista Hamas, que gobierna en Gaza, y el ejército israelí: aunque, como siempre, terminó con muchas más víctimas del lado palestino que del israelí (un muerto), el Gobierno sionista se abstuvo de recurrir a su habitual respuesta con un ataque masivo y desproporcionado según un canon seguido al pie de la letra durante tantos años. La razón es puramente política y debe ser enmarcada en el nuevo statu quo regional, que, silenciosamente, ha sufrido ciertas alteraciones de peso, la principal de las cuales es que preocupa mucho de nuevo la frontera norte, la evolución regional, sobre todo en Líbano y Arabia Saudí, y el papel relevante de Moscú. Aunque su papel sea el de un adelantado de los intereses norteamericanos en el área y atraviese ahora, bajo el régimen Trump, una luna de miel en términos político-militares, Israel nunca ha tenido un problema grave con Rusia. Este criterio, entendible por obvias razones prácticas, se basa en la convicción de que Rusia, desde donde llegaron varios cientos de miles de judíos a instalarse en Israel tras su creación formal en 1948, asume con convicción su legitimidad tras la partición de Palestina y la generalizada conducta de la comunidad internacional al respecto.

Esto explica el cuidado con que se mantiene la relación con Moscú y la complicación que para la parte israelí fue el conjunto de Tratados que unieron firmemente a Rusia con Siria. Todas las administraciones norteamericanas, incluida la del presidente Trump, han asumido este hecho central que se deja ver cada día en la región y explica en términos diplomáticos que Moscú -como la práctica totalidad de los gobiernos del mundo- no valida la pretensión israelí de la anexión por Israel de los altos del Golán, suelo sirio a los efectos jurídicos internacionales.

Este escenario es del todo nuevo en tanto que ha propiciado la aparición de veteranos militantes iraníes (shiíes) en las inmediaciones del territorio israelí tras haber confraternizado con soldados e instructores del Hizbollah, el gran partido libanés shií. Así, pues, un conflicto que creía haberlo visto ya todo asiste ahora a la aproximación material de resueltos adversarios armados de Israel a su frontera con Líbano y, sobre todo en lo que nos ocupa hoy, con Siria: los altos del Golán.

Se ha suscitado una situación mucho más poliédrica que todas las precedentes y la creciente actividad de los pasdaran (militantes shiíes con alta preparación militar) es no sólo ni principalmente un hecho relevante, sino un indicio de que el marco geográfico de la interminable crisis judeo-árabe deriva, por la vía de una ampliación mal controlada, hacia un conflicto relativamente distinto. Un escenario que preocupa en Israel.

 

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