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Epiganías

El futuro es pasado

Viernes, 7 de noviembre 2025, 22:35

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A pesar de que han transcurrido más de cinco décadas, aún recuerdo el Bilbao de finales de los 60 y comienzos de los 70. Aquel ... Bilbao brumoso, gris, abigarrado y tétrico recorrido por trolebuses de dos pisos conectados a un tendido eléctrico del que, de tanto en tanto, saltaban chispas. Una ciudad a la que todavía no habían llegado las franquicias, ni los turistas, ni las ínfulas cosmopolitas y que presumía de su condición industrial y la efervescencia económica que se respiraba en sus calles, comercios y, cómo no, bares atestados de chiquiteros. Si regreso a aquel tiempo y lugar, no es para hacer un ejercicio de nostalgia o de memoria, sino para señalar que en ese Bilbao de mi infancia existía una clase de trabajadores –no me atrevo a calificarlo de gremio– compuesta íntegramente por adolescentes o varones muy jóvenes cuyo único cometido consistía en trasladar mercancías y comestibles de un lado para otro ayudados por una bicicleta o carretilla de mano. El trajín de estos «recadistas» o «recaderos» comenzaba a la hora en que abrían comercios y ultramarinos e iba en aumento a lo largo de toda la mañana hasta llegar al mediodía. Ésa era la hora punta, el momento de máxima actividad, porque, para entonces, la mayoría de las amas de casa que utilizaban o podían permitirse sus servicios debían tener a su disposición el género, los ingredientes que habían elegido para elaborar la principal comida del día. Ni que decir tiene que buena parte de las entregas se hacían a domicilio y las propinas, espléndidas o no, constituían un aliciente y un complemento insustituible de su magro salario.

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