LA IGUALDAD NO SE DISCUTE

María José Lumbreras
MARÍA JOSÉ LUMBRERASLogroño

No hubo más banderas que las moradas. Partidos, sindicatos, entidades varias... se guardaron sus habituales reclamos -y ya les tuvo que costar- y en la marcha cupo todo el mundo. La experiencia ha mostrado que la coincidencia de más de una convocatoria solo trae líos, sobre todo para los no iniciados, los miles que quieren acudir y que a diario poca cosa tienen que ver con los convocantes. Así sucedió el año pasado, con caótico resultado, y por eso se ha tratado de evitar este año. Una sola cita y, en ella, además, megafonía que iba explicando a los asistentes lo que iba a pasar. «En El Espolón, paciencia para que llegue todo el mundo»; en Murrieta, «un minuto de silencio» porque había carteles con los nombres de las mujeres víctimas de violencia machista.

Con estos mimbres, la marcha transcurrió con una normalidad incluso anormal y, en ella, además de los grupos más entusiastas, participaron muchas, muchas familias. No faltaron las pandillitas de niñas que, con sus madres, cambiaron los juegos de los viernes en el parque San Adrián por el recorrido por los Muros y Gran Vía, cartulina pintarrajeada en ristre. Ni los que, venidos de otras localidades riojanas, empujaban sus carritos de bebés entre la muchedumbre. Incluso, en algunos momentos, aparecían los chavales de las bicis a hablar con sus amigos que estaban de manifestación. Tíos con su buena barba se habían currado una llamativa pancarta con iluminación intermitente incorporada con la que llamaron lo suyo la atención. Los que peinan canas se sumaron igualmente, más o menos tramo, según se pudo. Gente se encontraba y se saludaba. Gente charlaba y se despedía. Y si los juveniles hicieron gala de himnos nuevos, no faltó quien se llevó los lemas de las feministas de los ochenta, tales como «La mitad, del cielo, la mitad de la tierra, la mitad del poder», que no todo empezó ayer, aunque aún quede mucho por hacer.

Vista la foto que conformaban las miles de personas que ayer se sumaron al recorrido, no parece que la igualdad, a estas alturas, sea algo que se discuta, sino algo a lo que aspiran mujeres de toda edad y condición, pero también hombres y niños. Y si el acto fue de reivindicación ante tantos asuntos pendientes -desde la violencia machista en muchos casos brutal a la precariedad laboral de tantas o los techos de cristal que no terminan de ceder- también lo fue de calor entre tanta y tan variada compañía.

Hoy, que ya no es 8M, también ha de ser el día de la mujer, y mañana, y pasado mañana. Y en todos los demás que vengan, se han de dar pasos que permitan esa esperada igualdad. Y los han de dar ellas, «vivas, libres y combativas» como ponía el lema que se portó ayer por las calles de Logroño, pero también ellos, con muchos de los cuales es un hecho que se puede contar. ¿Volveremos a estar aquí dentro de un año? Claro, seguirá haciendo falta ¿Tantos? Puede ser porque las peticiones no son, evidentemente, minoritarias. Lo que queda, por mucho que aprovechemos el tiempo, es ingente pese a que con el tiempo se haya avanzado. Y no van a faltar obstáculos en el camino. Así pues, hasta el 8 de marzo de 2020.