La Iglesia y los abusos

La Iglesia católica dio ayer un paso ineludible al reconocer «abiertamente» los abusos sexuales cometidos en su seno en España y anunciar su «firme decisión» de erradicarlos. El pronunciamiento del presidente de la Conferencia Episcopal, Ricardo Blázquez, compromete a toda la institución y representa un salto cualitativo respecto al silencio cómplice, cuando no encubrimiento, que ha caracterizado en el pasado la actuación de la jerarquía eclesiástica en esta materia. Los depredadores sexuales que, bajo el disfraz de religiosos, han cometido abominables delitos contra menores durante décadas, en un clima de tolerancia e incluso de impunidad, no pueden encontrar por más tiempo cobijo ni apoyo a través de la inacción de sus superiores. El pronunciamiento de Blázquez -tardío, pero tan necesario como obligado- sigue la línea de tolerancia cero con la pederastia impuesta por el Papa Francisco. Ahora debe materializarse en hechos concretos, como poner en conocimiento de la Justicia los casos de abusos de los que tenga conocimiento.

 

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