Huelgas vacacionales

Los paros son un derecho inalienable de los trabajadores, pero debe convivir con las libertades de los ciudadanos

Como cada año, los trabajadores del sector del transporte aprovechan también este verano la temporada turística para plantear sus reclamaciones, conscientes de que sus conflictos adquirirán mayor notoriedad y de que sus compañías serán por tanto más receptivas. El sector aéreo, que es clave en los desplazamientos de una gran parte del flujo turístico, nos ha obsequiado en España con la huelga del personal de cabina de Ryanair en julio, así como con las de pilotos de la misma compañía en varios países. Se han cancelado más de 1.000 vuelos en julio, y es previsible que se reiteren nuevas movilizaciones en agosto (en España, los empleados han recurrido a los tribunales para lograr que sus contratos laborales sean españoles). En cambio, Iberia consiguió detener a tiempo otra huelga del personal de tierra en El Prat a finales de julio. Además, hemos padecido también una huelga de taxis para protestar contra un exceso de licencias de vehículos de alquiler con conductor, que ha incidido lógicamente sobre los ciudadanos. Nada asegura que estas movilizaciones no se reproduzcan en septiembre. Lo cierto es que los anuncios de paros laborales en el sector del transporte, se materialicen o no, perturban las vacaciones de las personas y dañan el negocio turístico. Y aunque el derecho de huelga es absolutamente democrático y forma parte inalienable del derecho de negociación colectiva, ningún derecho es ilimitado, y la capacidad de presión de los trabajadores del transporte es mayor que en otros sectores y debe ser por tanto regulada con servicios mínimos adecuados. Quiere decirse que también son dignos de respeto el derecho a la movilidad, el derecho a descansar en vacaciones, etc. Sin embargo, en ocasiones los huelguistas no cumplen los requisitos. En nuestro país, el derecho de huelga está regulado mediante un decreto-ley preconstitucional de 1977, que ha dado lugar a abundante jurisprudencia. Hubo un intento de promulgar una ley orgánica en 1996, pero se frustró al convocarse elecciones aquel año. La próxima reforma laboral podría incluir una regulación cabal y actualizada de la huelga, que refuerce el derecho y lo incardine en el conjunto de todas las libertades.

 

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