HUELGA DE JUECES

MANUEL ALCÁNTARA

Siete jueces del Tribunal Supremo han secundado el paro voluntario, que siempre es mejor que el obligatorio porque no hay necesidad de buscarlo y se presenta por su propia iniciativa. Trabajar cansa, que decía Pavese, pero hay quienes están cansados de nacimiento sin haber elegido la nación en la que vinieron al mundo. Algunos poetas, más dados al pesimismo que otros, llamaron al mundo «destartalado lugar», sin necesidad de conocer otros. Quizá lleven razón los que creen de buena fe y de mejor esperanza que España no es ingobernable, sino que está mal gobernada. Entre los magistrados que han secundado el paro los hay de distinto pelaje político, mientras la ministra de Justicia, Dolores Delgado, sigue en Estrasburgo para ver si ellos han dado en la tecla que no suena.

La tentación de desánimo nos cerca a casi todos, pero hay derrotados que no mantuvieron nunca combate. Somos los españoles pesimistas de nacimiento desde que Quevedo miró los muros de la patria suya, que por cierto, sigue siendo la nuestra después de resistir los largos asedios de Cataluña, que no han acabado y ni siquiera van por la mitad de su trayecto.

Mi condición de español irreparable me evita choques que no tendrían posible compostura. Me repito mucho eso de «España, contigo y con tu castigo». Lo que en España no ha hecho el pueblo se ha quedado sin hacer, en opinión de uno de sus amantes más verdaderos. Hay que superar la huelga de jueces, y eso sólo se consigue con más Justicia, a condición de que sea para todos, pero no para los que se la comen por sus manos.

 

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