La hipótesis del no 'brexit'

Un nuevo gobierno podría convocar otro referéndum que podrían ganar los partidarios de la permanencia

Por primera vez desde el referéndum de junio de 2016 es posible que el Reino Unido frene y repiense su salida de la Unión Europea. Es una hipótesis de laboratorio, pero en estas semanas ha dejado de representar el pensamiento minoritario de los europeístas derrotados en la fatídica consulta que propició David Cameron para solventar los problemas internos de su partido. Lo que ha ocurrido para que debamos prestar atención a este nuevo escenario posible es lo siguiente: el Gobierno conservador no tenía un plan para salir de la UE. No había nada preparado, porque ningún experto pensaba que se perdería la consulta. Una vez han comenzado las negociaciones de ruptura con Bruselas, los altísimos costes económicos han salido a la luz. Los tories se han dividido en dos facciones, una pragmática, capitaneada por Theresa May, y otra nacionalista y populista, encabezada por Boris Johnson y otros dirigentes que han renunciado a cualquier análisis coste-beneficio y se han envuelto en la bandera. En el partido laborista, su líder, Jeremy Corbyn, ha tenido que embridar su viejo antieuropeismo plagado de tics izquierdistas por las presiones de sus votantes y ha admitido esta semana que aceptaría un segundo referéndum si no hay acuerdo de salida con Bruselas antes de marzo de 2019 o si éste es rechazado por el Parlamento de Westminster.

La primera ministra ha intentado un equilibrio meritorio y muy complicado entre la necesidad de aplacar a sus huestes soberanistas y de no aislar a la industria británica de su principal mercado, el europeo. Pero su llamado 'Plan de Chequers' no convence ni a los suyos ni a los negociadores comunitarios, porque permitiría la libre circulación de mercancías entre el Reino Unido y la UE sin que los británicos siguieran aplicando estándares europeos, una ventaja competitiva inaceptable. No es posible quedarse solo en los capítulos más interesantes del mercado interior y además no aplicar sus normas con la garantía de los tribunales europeos. La UE quiere dejar claro antes de la eventual salida que el divorcio amistoso y el período transitorio hasta finales de 2020 están supeditados a ciertas condiciones para no quebrar la integridad del mercado interior europeo al definir su relación con su antiguo Estado miembro.

Si May no consigue un acuerdo con la UE o éste, previsiblemente confuso y ambiguo en sus términos, es derrotado en el Parlamento, puede suceder cualquier cosa. Los dirigentes europeos entonces deberían prorrogar el tiempo de negociación previsto en el artículo 50 del Tratado UE, que regula la salida de un Estado miembro. Sería posible que, tras celebrar elecciones alrededor de Navidad, un nuevo gobierno laborista preguntase de nuevo a los británicos sobre la Unión Europea. Las encuestas actuales apuntan a una victoria de los partidarios del voto por la permanencia, pero mucho dependería de la movilización de los más jóvenes y urbanitas para no perder su futuro.

 

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