HIDALGOS

LUIS J. RUIZ

Llega un momento en el que el hastío lo invade todo, en el que la pereza que provocan ciertos titulares, ciertas informaciones y ciertos comentarios te obligan a pasar la página del periódico, a elegir una emisora musical o a girar compulsivamente la ruleta del ratón en un intento desesperado de buscar una vía de salida. Una especie de autocensura terapéutica en pos de tu propia salud mental. Gestos que, a la postre, solo persiguen evitar desconexiones neuronales previsiblemente irreversibles.

Desde la tranquilidad que aporta cierta distancia geográfica, cada vez es más intensa la sensación de que son muchos los que han llegado a ese punto de no retorno. Una situación en la que cualquier tipo de terapia no solo no será efectiva, sino que ni siquiera tendrá efectos paliativos. A lo sumo les servirá como mero placebo para seguir cebando su radicalidad. Cada vez parecen ser más los grotescos Quijotes que han perdido definitivamente el juicio y que se dedican a jalear a las masas alimentando el odio, la separación, la diferencia, la intolerancia... Personajes que, como el Hidalgo, seguirán viendo gigantes donde solo hay molinos y que, cuando se den cuenta de su error, continuarán diciendo que son gigantes. Personajes rodeados de tantos escuderos aborregados que siempre pensarán que su credo es el único valido y que el resto merece poco más que una buena hoguera.

Así, pensar diferente seguirá siendo un motivo de linchamiento real y físico o virtual; causa suficiente para una persecución sin cuartel propia del más totalitario de totalitarismo.

Afortunadamente son una minoría. ¿O no?

 

Fotos

Vídeos