LA HECATOMBE

CAUTIVO Y DESARMADO - PABLO ÁLVAREZ

A veces todas las noticias se juntan, como si alguien quisiera que nos fijáramos en algo. Es casualidad, claro, pero no está mal aprovechar la oportunidad: echar un vistazo, primero, y pensar, después. Sobre las cosas que pasan, sí, y sobre lo que eso significa.

Todo a la vez: en Estados Unidos cogen a las familias que intentan entrar en la frontera y las separan. Los niños, de cualquier edad, acaban encerrados aparte, separados de sus padres. Mientras, en Italia el primer ministro Salvini se niega a dejar entrar náufragos en su país, básicamente porque son negros, y afirma que va a hacer un censo de gitanos. Y a España llegan esos náufragos que el italiano no quiere, pero no faltan las voces (incluso en la prensa, ay) que anuncian poco menos que el apocalipsis en forma de invasión africana.

Después de tantos siglos de historia humana escrita, hay una señal que debería hacer que erizáramos las orejas de inmediato: cuando un gobernante empieza a echar la culpa de los males de su país a un enemigo que se distingue por dos cosas: a) su raza y b) su condición social.

Eso pasa con la inmigración. Sí, es un problema, y no mirarlo como algo que requiere de política y ley es un tanto ciego. Pero en Europa llevamos al menos dos décadas y media de inmigración más o menos masiva, sin que por el momento se haya producido la hecatombe social que muchos no se cansan de predecir.

Lo cual no quiere decir que no pueda ocurrir. Pero la hecatombe que más cercana se me hace es la que pueden provocar aquellos que azuzan los bajos instintos de la población contra el negro pobre. Eso sí que da miedo.

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