Gusticia

PIEDAD VALVERDE

Ya sé que es una tontería pero les confieso que soy incapaz de incluir una palabrota en esta columna o en cualquier texto que publique. Imagino que será por mi educación en un colegio de monjas, y por eso no sé cómo me las voy a apañar para contarles la anécdota que hoy viene al hilo, sin faltar a esta censura voluntaria. La verdad es que vivo feliz en Logroño y les puedo decir que cuando cruzo la calle Portales saludo a mucha más gente que en la calle Cabeza de mi pueblo, pero a veces, cuando echo la vista atrás me gustaría poder contar con la complicidad de mis paisanos y esto que les voy a contar haría sonreír a muchos de ellos. Los que tenemos ya una edad recordamos aquella moda de las pintadas en la transición que casi siempre tenían un contenido político y, por supuesto, estaban totalmente prohibidas.

En este sentido fue noticia el triste caso de Javier Verdejo, un joven almeriense de 19 años que en 1976 cayó abatido por la Guardia Civil mientras escribía en una pared: PAN, TRABAJO Y LIBERTAD. Por desgracia se quedó en la 'T'. Pero volviendo a lo que les iba a contar, en Baza también hubo una pintada muy famosa: una mañana apareció en varios puntos de la Plaza Mayor un letrero hecho con plantilla que decía «GUAN CARLOS HIGOPUTA». Nunca se supo la identidad de este protestador clandestino, ni si la errata se debía a que no disponía de la letra jota en su alfabeto o a que era un ignorante en materia de ortografía. El caso es que aquel episodio nos hizo reír durante meses y se quedó como una frase de guasa y yo, por mi cuenta, siempre sospeché del hijo de un paragüero que estaba un poco mal de la cabeza, quizá porque una de aquellas pintadas estaba al lado de la tienda de su padre.

Por lo visto algo así pasó en Logroño cuando amaneció la ciudad inundada de MILANA BONITA y tampoco se supo nunca quién fue el inspirado autor. En fin, como les digo, curiosidades sin importancia, la historia de la transición no ya con minúscula sino con letra pequeña. Han pasado muchos años y por suerte ahora para protestar no hay que salir por la noche a jugarse la vida y todo el mundo tiene derecho a discrepar. Hoy en las paredes no hay mensajes políticos sino grafitis, aunque no siempre sean artísticos y existen suficientes mecanismos para mostrar nuestra disconformidad con el poder establecido. Para eso están las manifestaciones y las huelgas y hasta las columnas de los periódicos en las que opinar libremente, como es mi caso. Esto lo escribo con total convencimiento, pero a veces hay noticias que me hacen dudar de estas afirmaciones. Y me refiero a las últimas sentencias de la justicia, la de la manada, la de Juana Rivas y otra que nos toca mucho más de cerca, popularmente conocida como el NO-CASO. Me refiero a Pablo Alberdi y Jorge Merino, que han sido condenados por lo ocurrido tras la manifestación del 14N de 2012. Pablo a más de cuatro años de cárcel por desórdenes públicos y atentado, y Jorge a un año por desórdenes públicos. Había otro sindicalista acusado que aceptó la culpabilidad para eludir la cárcel. Para Pablo Alberdi y Jorge Merino el fiscal pedía 5 años y 9 meses y dos años de prisión, respectivamente. Ambos rechazaron una oferta, con la que también eludirían la prisión, para defender su inocencia. Yo estuve en esa manifestación y efectivamente hubo disturbios pero, hasta donde yo sé, parece clara la inocencia de ambos y deberían haber sido absueltos.

Cada día hay jueces que emiten sentencias correctas y por casos como éste, yo al menos, no dejo de creer en el sistema judicial. Pero no me digan ustedes que no parece que, a veces, desaparece la jota de justicia y, como le ocurrió a aquel de mi pueblo, se sustituye por la ge, una ge con la que la justicia se convierte en gusticia, que si me permiten el palabro, sería darles el gusto a los poderosos y a los que llevan mandando en este país demasiado tiempo. Así que, con todas las letras, y dicho sea de paso, aprovecho esa ge para pedirle al hijo de Guan Carlos la gracia del indulto.

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