PEP GUARDIOLA Y EL ICTIOCENTAURO

PABLO GARCÍA-MANCHA

Si existe un personaje insoportable en la colección de criaturas que pueblan la asombrosa fauna del independentismo catalán, ése -exactamente ése- es Pep Guardiola, que supera incluso a la pomposa y surrealista sor Lucía Caram o a Karmele Marchante, la intelectual orgánica del nuevo seny de Puigdemont y 'Kim Il Torra'. El famoso entrenador aventaja por miles de cuerpos a cualquiera de los espectros descritos por Jorge Luis Borges en su inmortal 'Libro de los seres imaginarios'. Y los inventó el escritor bonaerense para todos los gustos y con todas las facciones posibles e imposibles: animales esféricos, antílopes de seis patas, pez bahamut, basiliscos, catoblepas, devoradores de sombras, el elefante que predijo el nacimiento de Buda, la hidra de Lerna o el ictiocentauro, que entre otros apósitos exhibía cuernos de pinzas de langosta. Le dejo a usted, querido lector, que asocie libremente cada obelisco indepe con lacito con su ser imaginario correspondiente. Pero lo de Guardiola no tiene parangón. El genio de la cancha acaba de asegurar que llevar un lazo amarillo es un «gesto humanitario» equiparable a la «lucha contra el cáncer». Varios de los mejores jugadores de golf del circuito mundial se han colocado un lazo amarillo en un torneo para mostrar su solidaridad con un compañero enfermo. No se le ha ido la olla a Pep aprovechando el asunto; navega estudiadamente en la más absoluta de las estupideces porque el infantilismo al que reduce su mensaje se dirige al núcleo duro del pensamiento mágico que informa de arriba abajo el Procés. Él sabe que es mentira lo que dice. Él mismo es una mentira; una mentira multimillonaria que condena a su pueblo a un callejón sin salida.

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