LAS GAVIOTAS NO GRAZNARÁN

Pablo García Mancha
PABLO GARCÍA MANCHALogroño

Una de las situaciones más sonrojantes de la política española es ver al PP hundir y humillar su cerviz ante el nacionalismo vasco y sus privilegios que hacen de su enquistada 'soberanía fiscal' un agravio insostenible entre ciudadanos de primera clase y el resto; es decir, nosotros y todos los demás del marco legislativo común. Se humilló Mariano y ahora se humilla Casado, alfa y omega de un partido sin rumbo al que el impagable Ortuzar denomina golondrino: «Como las golondrinas, vienen cada año. Tienen su nido en Madrid pero vienen a cazar, a ver a cuántos mosquitos vascos incautos pillan por estas tierras».

Casado manifestó su apoyo al concierto en Vitoria y en La Rioja ya no dijo nada ni nadie de los suyos de esta parte del Ebro le sonsacó nada -aunque fuera un tímido graznido- sobre el efecto frontera y el desamparo institucional que supone competir desde la desventaja, salir a cualquier estadio con tres chicharros encapsulados en tu propia portería. Hubo un tiempo en el que Ciudadanos también estaba en contra del desamparo fiscal, antes de comerse a UPYD. Pero ya tampoco dicen nada porque se ha hecho norma natural vivir con un riñón prestado al vecino rico. ¿Pero el PP?

En la atonía de sus conversaciones privadas te dan la razón sobre el asunto, pero llega el líder y callan, porque ha dicho Casado en un foro vitoriano llamado 'Revolución fiscal para un entorno competitivo' (no es broma) que su partido «está comprometido» con la defensa del Concierto Económico vasco porque «no se puede cuestionar» la Constitución. Así que humillado ante el PNV, Casado volverá a sacar la bandera de España mil veces más. Pero no graznará, eso jamás.