GANAR TIEMPO

MANUEL ALCÁNTARA

Hubo una época, quizás menos sombría que ésta, donde nos confortaba el lema de Rafles, que se creyó que era verdadera su mentira a fuerza de repetirla. «Tiempo perdido, algo perdido, corazón perdido, todo perdido». Lo que ocurrió en Cataluña hace un año sigue ocurriendo ahora mientras Oriol Junqueras continúa gobernando desde la cárcel aprovechándose de que no tiene barrotes. El separatismo es más que una «manía de primates» y se ha convertido en una táctica de destrucción, pero ni siquiera ellos se atreven a celebrarlo, a pesar de que cuentan con Pablo Iglesias que es su socio más exigente porque sabe lo que quiere y está dispuesto a pagar su precio, más IVA. La España cancerígena no puede alardear de tener una salud de hierro, pero sí de presumir de que la que tiene es de duro aluminio.

Pedro Sánchez se ha visto en la obligación de defender al Rey ante el Tribunal Constitucional mientras sus socios le insultan. Parece que en España únicamente se llevan bien los que antes se han llevado el dinero. Quienes han hecho números aseguran que la corrupción cuesta 10.000 millones de euros al año. ¿En cuánto se valora el apoyo a una situación que no se sostiene por sí sola? La desconexión también tiene sus leyes, aunque algunas sean de obligado incumplimiento. Se habla de rebelión y de encubrimiento pero ambas cosas no son incompatibles, más bien cada una necesita de la otra. Mientras, Puigdemont pide 11.000 millones a China para su banco. Las dos piernas son una más corta que la otra. Olvidamos que el Tiempo, cuando se escribe con mayúscula, sólo se gana o se pierde bajo una especie de eternidad. Por eso hay minutos que se hacen tan largos y otros tan cortos.