Otra vez Fuenteovejuna

Si no somos beligerantes estaremos contribuyendo a acercarnos a la liberalización y al fin de un modelo rentable, equilibrado y ejemplar en su gestión, como es Rioja

Otra vez Fuenteovejuna
EDUARDO PÉREZ HOCES PRESIDENTE DE ARAG-ASAJA

El vino de Rioja es un producto excelente y, por tanto, no debe tener miedo al futuro», decía el comisario Hogan, el pasado 5 de febrero en su visita a La Rioja, según recogía este medio de comunicación. Ojalá esas palabras fueran más que un cumplido protocolario, porque los apoyos morales están muy bien pero sirven de muy poco ante un futuro incierto que preocupa al sector si no conseguimos entre todos cambiar la fatídica fecha de liberalización de plantaciones en 2030. Pues, ciertamente, el comisario estuvo extenso en halagos, pero corto en compromisos.

Y es que la visita del máximo responsable de Agricultura a nivel europeo a nuestra región, fue histórica por el hecho mismo de producirse, y anecdótica, en cuanto a que su capacidad de maniobra sobre lo que nos pueda afectar es mínima, por dos motivos. Por un lado, porque al mandatario europeo no le queda tiempo material para continuar o innovar con acciones políticas (su mandato finaliza próximamente, con la legislatura europea, y se vuelve a renovar el 26 de mayo) y, por otro, porque el funcionamiento de la maquinaria europea exige a más de una persona para virar el timón, ya que posee la lentitud de un trasatlántico y la logística de una galera romana con 28 puestos (países) de diferente cualificación, en cuanto al peso de sus decisiones e intereses a veces contrapuestos. Por ello, el sector vitivinícola europeo va a necesitar más que una bonita frase del comisario para conseguir su objetivo, que no es otro que poder decidir sobre nuestro futuro.

Aun con todo, esta visita trajo algo bueno y útil que podemos aprovechar en beneficio de todos los viticultores, y los riojanos en particular. Me refiero al revuelo de opiniones y manifestaciones que afloraron la posibilidad de aplazar la fecha de liberalización de plantaciones del año 2030 hasta 2050. Mejor hubiera sido para siempre, o para el 2100, sin duda, pero quizás ese reto tan ambicioso habría sido menos creíble y, por tanto, inabarcable. Hasta entonces, muchos pensaron que la fecha de 2030 parecía inamovible e inflexible pero, ¿quién dijo que lo fuera?, ¿el propio sector?, ¿los estados miembros de la UE? En ARAG-ASAJA pensamos que si ya lo conseguimos una vez, en 2013, aplazando la liberalización hasta 2030, ¿por qué no podemos hacerlo ahora?

Tenemos dos ejemplos cercanos de que la liberalización de los sectores agrarios no es buena para ellos, ni para los consumidores europeos. La leche y, más próxima, la remolacha azucarera se han liberalizado recientemente y las consecuencias no se han hecho esperar en ambos casos, con precios ruinosos y cierre continuado de granjas para la primera, y una reducción de más de un 40% de la superficie sembrada, para la segunda. Ojalá no lleguemos a su desmantelamiento, pero, desgraciadamente, el camino se dirige peligrosamente hacia él.

Como indicadores coyunturales de la marcha de Rioja, tenemos los datos de comercialización de vino en 2018, en que han disminuido las ventas en un 7,35% de su volumen, con una caída del 11% en el exterior y un 5,12% en el mercado interior. La reducción de la exportación se ha producido, precisamente, en los dos principales importadores de Rioja, en Reino Unido y en Alemania. Comparativamente con el mismo periodo del año anterior, la relación entre existencias y salidas es de 3,14 (frente a la de 2,68 del año pasado), lo que significa un volumen más que suficiente para afrontar una campaña sin tensiones y, aunque cercanos a rebasar el teórico equilibrio, esperamos y deseamos que no afecte a los precios de la uva, dada la inversión que el sector está haciendo en promoción.

Ninguna decisión individual ni parámetro son determinantes para modificar la marcha de un sector, pero sí son fundamentales los apoyos colectivos y los frentes comunes para abordar un objetivo concreto.

Por mi edad, no he vivido (conscientemente) muchas reformas de la PAC, pero en las dos últimas he visto que todos los países y todos los apoyos son necesarios para que una decisión salga adelante y creo que seguirá siendo así.

Ahora bien, para conseguir este propósito de aplazar la liberalización de viñedo a 2050 hace falta una estrategia planificada y, sobre todo, firme; impulsada por los estados miembros interesados (España, Francia, Grecia, Italia, Portugal...) y que se presente ante los demás con capacidad de negociación y convencido de que se puede conseguir este objetivo. También, que otorgue al sector agrario europeo la importancia y la prioridad que debe tener. No se pueden mantener, como se ha oído durante la visita del comisario, posiciones como «ahora no toca esta posición beligerante en España», porque además de no haber ofrecido pistas sobre cuándo toca, si no somos beligerantes en esta materia estaremos contribuyendo a acercarnos a la liberalización y al fin de un modelo rentable, equilibrado y ejemplar en su gestión, como es Rioja, y como pueden ser el resto de denominaciones de origen.

No soy amigo de las causas imposibles, pero sí de luchar por lo que considero justo -supongo que mi forma de pensar deriva de mi condición de agricultor-. Pues bien, creo que debemos intentarlo, crear una estrategia conjunta, desde las regiones vitivinícolas españolas y europeas; de la mano de nuestros estados miembros y luchando por la defensa de este sector tan importante y significativo en Europa. Creo que es momento de ir todos a una.