Frenazo en la economía

El fantasma de una nueva crisis en la UE moviliza al BCE y condicionará al próximo Gobierno español

Fachada del Banco Central Europeo. /AFP
Fachada del Banco Central Europeo. / AFP

La economía europea ha entrado en una fase de desaceleración mucho más intensa que el suave aterrizaje pronosticado hace apenas unos meses por diversos organismos internacionales. La pérdida de fuelle registrada el pasado año por el crecimiento de la Eurozona dará paso a un brusco frenazo de la actividad, según los coincidentes pronósticos de la OCDE y del Banco Central Europeo (BCE), que acaban de rebajar en ocho décimas sus previsiones para el presente ejercicio al situarlas en un 1% y un 1,1%, respectivamente. Es decir, los aumentos más modestos del PIB desde el final de la crisis que socavó los cimientos de la Unión.

La gravedad del empeoramiento económico en ciernes ha sido reconocido por el BCE al aprobar una nueva oleada de liquidez para la banca, en un intento de impulsar la inversión y el consumo, y aplazar hasta el próximo año la anunciada subida del precio oficial del dinero, situado en el 0% desde 2016. Estas actuaciones confirman una profunda preocupación por las perspectivas a corto plazo de la zona euro. La debilidad de la demanda interna y el declive de la industria -entre otras razones, por el impacto en el sector del automóvil de las nuevas regulaciones medioambientales- han hundido a Italia en la recesión, parado en seco la economía de Alemania y lastrado a Francia. Un panorama inquietante por sí solo, pero mucho más en un contexto de incertidumbre global como el actual.

A esos factores se suma la irresponsable guerra comercial atizada por Donald Trump, los riesgos derivados del 'brexit', cuyos efectos -negativos en todo caso- resultarán más o menos dañinos en función de que el anunciado divorcio entre Reino Unido y la UE sea traumático o amistoso, y la ralentización de los países emergentes. El fantasma de la crisis se aproxima así de nuevo a Europa cuando las nocivas consecuencias de la última son aún visibles en los sectores sociales más desfavorecidos. Y cuando la Eurozona, con un crecimiento muy inferior al de Estados Unidos o Japón, ha gastado buena parte de su arsenal para situaciones extremas en combatir la reciente recesión. Es cierto que España parte con la ventaja de un dinamismo económico superior a la media de la Eurozona. Pero sería suicida ignorar los riesgos que la nueva coyuntura conllevan para la actividad, la creación de empleo y la estabilidad de las finanzas públicas. Por ello, el Gobierno que salga de las urnas habrá de actuar con la máxima responsabilidad para no incurrir en errores aún bien cercanos.