EUNTES

MARÍA JOSÉ GONZÁLEZ - EL TRAGALUZ

Lo que aconteció el sábado en Logroño fue una demostración de lo que forma parte del 'acervo cultural' de La Rioja atesorado por generaciones. Esto sí es acervo cultural. Miles de católicos hicieron manifestación pública de su fe con una eucaristía en la plaza de toros y una procesión sin precedentes. Un pasado, un presente y un futuro por los que unirse para resguardarlos. Por mucho que cueste. Por mucho que todo esté en contra. Por mucho que sean criticados.

Lo que ocurrió este sábado fue una exteriorización emocionada de tradiciones y costumbres que conforman una identidad de una parte muy importante de nuestra sociedad. En ese foro no se debatieron ideas: se expresó una creencia. Y eso es lo que muchos, por un lado, esgrimieron como argumento de censura. La espinosa lucha entre ambas, razón contra creencia, se puede medir ya por siglos. Pero especialmente, desde hace décadas, la secularización de la sociedad ha deteriorado la segunda hasta reducir lo divino al ámbito privado. Pero hay gente, mucha gente, que este sábado tomó aliento y perdió el miedo. Aun sabiendo que el mismo domingo, que el lunes, que los días que continuarán a aquella jornada histórica seguirán sometidos a una tremenda prueba de resistencia.

La segunda crítica -asumible- es que faltaban jóvenes. Al no encontrar respuestas en la fe, al mantener dudas, se alejan de ella. Y ellos necesitan un lugar donde preguntar sin ser juzgados. Sólo así, la distancia no equivaldrá al abandono y, es muy posible, que cuando se asienten en la seguridad que da la madurez, libres de complejos, recuperen con naturalidad su patrimonio, su acervo.

 

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