Más España, el anti Podemos 2.0

Vox tiene gran potencial para seguir creciendo. Puede acceder a los espacios institucionales apoyando el gobierno antisusanista de PP y Ciudadanos y pueden seguir desarrollando su discurso nacionalista de extrema derecha

En la noche electoral, Santiago Abascal afirmaba que Vox era solo un instrumento al servicio de España. Hace apenas cuatro años, Pablo Iglesias sostenía que Podemos era el instrumento más útil para el cambio político y para que la gente recuperara su soberanía. En estos años, la gente ha ido perdiendo su espacio político que ha sido ocupado por el de la nación. Las demandas nacionales, en forma de banderas, han desplazado a las demandas sociales y las identidades nacionales, expuestas en los balcones, han invisibilizado a las múltiples identidades sociales y populares.

Los resultados andaluces confirman la crisis del bipartidismo y, como ocurre en otros sistemas multipartidistas, la concentración de los partidos en torno a dos bloques: izquierda y derecha. Ahora bien, no son bloques ideológicos totalmente diferenciados. El bipartidismo PSOE y PP giraba en torno al centro político mientras que el bloque izquierda y derecha, tras dejar atrás el 'momento populista' (la distinción entre los de arriba y los de abajo), está anclado en el 'momento nacional(ista)'. Por este motivo, aunque las políticas respondan, en mayor o menor medida, a la lógica izquierda-derecha, la base social es mucho más compleja y el voto no puede interpretarse sólo en torno a dicha lógica. El voto del PSOE puede ir a Vox o de Podemos a Ciudadanos y, más allá de los motivos ideológicos, la idea de España puede motivar dicho trasvase.

Ni el federalismo del PSOE ni el plurinacionalismo de Podemos parecen haber ofrecido una solución satisfactoria para el modelo estatal ni para la cuestión de la identidad nacional. La crisis catalana ha contribuido a empeorar la percepción de falta de un proyecto nacional desde la izquierda. Pedro Sánchez intenta abrir espacios para encontrar una salida a la cuestión catalana pero topa con diversos obstáculos políticos y jurídicos que reducen su margen de maniobra. Pablo Iglesias, por su parte, refuerza su discurso sobre la patria para mostrar que Podemos cuenta con un proyecto nacional fundamentado en los derechos sociales. Aun así, es bastante incierto que este nuevo patriotismo sea capaz de competir con la efectividad emocional del nacionalismo que está siendo apelado desde la derecha. Por si fuera poco, ambos partidos se enfrentan a contradicciones derivadas de las elecciones andaluzas. Sánchez tiene que asumir la derrota del susanismo, su oponente interno, mientras que Susana Díaz sufre las consecuencias del gobierno de Sánchez. Iglesias, en cambio, adopta como suyos los resultados de Adelante Andalucía, proyecto que surge en abierto desafío a la dirección estatal de Podemos, mientras que Teresa Rodríguez refleja la falta de movilización e ilusión que últimamente acompaña a la formación morada.

Por su parte, la derecha se presenta en una forma inédita, divida en tres partidos, pero compartiendo un modelo económico similar y, sobre todo, la idea de recuperar España y exhibir el orgullo de ser español. Los enemigos de este bloque están bien definidos: los separatistas, los populistas y el gobierno 'ilegítimo' de Sánchez. Y, sin embargo, el PP está demostrando su incapacidad como partido de derechas para canalizar todo el voto liberal y conservador. Tras surgir Ciudadanos como el 'Podemos de derechas' del Ibex 35, Vox reclama su espacio como anti-Podemos 2.0, oponiéndose además a la inmigración y a la ideología de género. Vox ofrece así la posibilidad de un orgullo español que desborda el orgullo institucionalizado por Ciudadanos y PP. Las múltiples alusiones a Cataluña en la campaña andaluza indican un claro principio de redefinición nacional(ista) de la política española. Casado respira aliviado porque mantuvo la segunda posición mientras que Ciudadanos celebra su notable ascenso electoral. ¿A alguien se le escapa, por cierto, que Inés Arrimadas ganó las elecciones catalanas y casi fue ella quien quedó tercera en las andaluzas?

Vox tiene gran potencial para seguir creciendo. Por un lado, puede acceder a los espacios institucionales (siguiendo el modelo de la extrema derecha danesa) apoyando el gobierno antisusanista de PP y Ciudadanos, y, por otro, pueden seguir desarrollando su discurso nacionalista de extrema derecha (inspirándose en Marine Le Pen y Steve Bannon). Porque mientras España se rompa y éste sea el único problema, siempre aparecerá alguien dispuesto a arreglarla. Mientras Casado y Rivera elegían las herramientas, Abascal ya se había puesto el mono. De color rojigualdo, por supuesto.