ESCUELA Y DESPENSA

MANUEL ALCÁNTARA

Cataluña se plantea la llamada «flexibilización de la inmersión lingüistica» en sus ínclitos párvulos, que tienen el privilegio de hablar y de escribir en dos idiomas. Es estadísticamente cierto que uno de ellos, el español, lo entienden en medio mundo y que el otro no ha llegado a tanto. Las lenguas cooficiales también están hechas para entenderse, pero no todos los que las hablan y las escriben están de acuerdo y serán los niños los que elijan cómo y en qué aulas deberán elegir.

Somos un país difícil poblado por personas que se empeñan en hacerlo imposible, pero también en Babel debieron de acabar por entenderse cuando la torre iba por la mitad. Las leyendas bíblicas son adaptables y cada cual escoge la que le conviene y en qué momento. La abusiva fiscalidad no es igual para todos porque depende de dónde hayan nacido y del lugar que habiten. Mientras, las crecientes dudas del Tribunal Supremo añaden confusión a lo que éste quería aclarar y lo están dejando más turbio. ¿En qué consiste la inmersión lingüistica en las escuelas? Hace dos días, el Ministerio de Trabajo propuso subir la cuota a los autónomos, pero no será para mañana, sino para el año que viene. La fórmula de «paciencia y barajar» tendría más seguidores si las cartas no las manejaran también los tahúres.

El idioma catalán, que no es ningún dialecto, sino una fórmula de entenderse, también implica una subida de la aportación para la mayor parte del colectivo, que es como hemos dado en llamar al pueblo y a la gente, que eran los nombres de siempre. Cuando nos bastaban para entenderse y para discrepar, que es lo más nuestro.

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