Entre el 7,4 y el 65%

Sólo el 7,4% de los afiliados del Partido Popular en España se ha inscrito para votar en la elección que decidirá el liderazgo del partido. El destino del PP queda, por tanto, en manos de 64.523 afiliados, muy lejos de esos 870.000 que presume tener la formación. Un bajísimo número de inscritos (en las primarias socialistas de 2017 que dieron la victoria a Pedro Sánchez votaron unos 148.000 afiliados) que revela, por un lado, que el censo que manejaba el PP para alardear de fortaleza estaba artificiosamente hinchado. Y, de otro lado, indica el desinterés que la confrontación sucesoria suscita, algo poco comprensible en un partido que acaba de quedarse descabezado por la renuncia de su líder histórico. El desapego de las bases es un mal síntoma que los futuros dirigentes de partido no tendrán más remedio que analizar para tratar de detener en declive e intentar una verdadera resurrección. Más ese desapego general no tiene, paradójicamente, correspondencia en La Rioja, territorio donde los populares aseguran haber inscrito al 65% de sus afilados, casi 10 veces más que la media nacional. Un logro sin precedentes más allá de toda lógica estadística que permitió ayer al presidente de los populares riojanos presumir sin rubor ante uno de los candidatos en la batalla por la sucesión de Rajoy.

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