EL EFECTO LLAMADA

MANUEL ALCÁNTARA

Pablo Casado es partidario de unirse a la llamada línea dura contra las políticas migratorias. El nuevo líder sabe que hay que defender a Europa, mientras queden europeos. Por eso, en vez de seguir lo políticamente correcto, dice que hay que ser responsables y no populistas. Europa se les ha ido de sus pecadoras manos a sus representantes europeos porque la situación refleja que no hay papeles para todos y España no puede absorber a los millones de africanos que quieren venir a quedarse. La sinceridad ha derrotado a la hospitalidad y aquí no caben todos, ni siquiera la mitad de los que sobran en sus países de origen. Que cada palo aguante su vela mientras la embarcación resista el oleaje. Son millones de africanos los que aspiran a venir, pero no cabe ni uno más, así que lo mejor, para no darles con las puertas en las narices, es que no haya puertas y no puedan entrar.

Aquí seguimos con la protesta de los taxistas contra Uber y Cabify, que se inició en Barcelona y se extendió a otras ciudades españolas, incluso a las que no desean dejar de serlo. El secretario de Estado de Transporte quiere dejar las cosas tal como están, pero en Barcelona ni siquiera hay servicios mínimos, mientras en Madrid se habla de paralizar la ciudad. Son extrañas maneras de paralizar el país, con el conocido truco de que es una nación de naciones, que es en realidad una lucha de tribus, unas más belicosas que otras. Todas más combativas, incluso las que no han entrado en combate hasta ver quién gana. De momento, julio se va, siempre lento, dejando únicamente a perdedores. En la confianza de que alguno tendrá que ganar, porque a nadie le gusta correr con las pérdidas.

 

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