Ebullición de estrellas

La concesión de una estrella Michelin al restaurante Íkaro de Logroño, además del espaldarazo que significa para el trabajo de sus impulsores, los jóvenes Carolina Sánchez e Iñaki Murúa, supone una excepcional noticia para la gastronomía riojana en un momento en el que el enoturismo creciente multiplica su exigencia de experiencias que exhiban el reconocimiento de la guía gala. Sin exagerar la trascedencia de este galardón, pues no son pocos los ejemplos de trabajos excelentes en cocinas nunca estrelladas, sí es cierto que la Michelin pasa por ser la referencia de mayor peso entre los gastroaficionados y el termómetro que marca la temperatura de un territorio gastronómico. Y en estos momentos, la de Logroño, que suma su segunda estrella en dos años consecutivos -la primera la obtuvo Kiro Sushi en el 2017- y la de La Rioja, con cinco brillos -seis si se suma la que Francis Paniego luce en Elciego (Rioja Alavesa), se acomoda en la zona más alta, con las estrellas muy cerca del punto de ebullición.

 

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