Diálogo con Cataluña

Cuando se intenta recomponer una relación política rota, los hechos suelen ser mucho más reveladores que las palabras a la hora de analizar el reencuentro. En el caso de Cataluña, en grave conflicto con el Estado, la celebración misma de la comisión bilateral Estado-Generalitat después de siete años de desencuentro permite abrir un portillo a la esperanza. Ha habido «discrepancias importantes», que no han impedido un diálogo normal, reconocía la ministra Batet. Aunque Ernest Maragall se apresuró a matizar que la idea de 'normalidad' es diferente para ambos interlocutores. La retórica de la Generalitat, supeditada a la épica del nacionalismo que por ahora supervisa la ortodoxia desde Bruselas, pasaba por anteponer el derecho de autodeterminación y la cuestión de los presos y 'exiliados' a cualquier otro asunto. Pero en realidad se ha hablado de muchas otras cosas (comisiones, financiación, traspasos, inversiones, recursos) y si el proceso avanza con altura de miras, pueden llevar a una normalización y a una solución. Por este orden y dentro de la Constitución.

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