Un derribo necesario para el desarrollo de la ciudad

Un derribo necesario para el desarrollo de la ciudad

«Los calagurritanos no entenderían que desde Logroño quieran imponer una decisión contraria a lo que ellos desean. Lo responsable es apostar por el desarrollo de la ciudad y no por mantener un edificio ruinoso»

LUIS MARTÍNEZ PORTILLO ALCALDE DE CALAHORRA

La falsa polémica creada en torno a la decisión del derribo del antiguo cuartel de la Guardia Civil de Calahorra admite tal y como es su propia configuración diversos prismas que nos conducen a la decisión adoptada por el Ayuntamiento de Calahorra.

El primero de ellos puede ser el sentimental. Nos hallamos ante una construcción que en el imaginario popular ha formado parte de la vida de los calagurritanos en los últimos 80 años. A unos les traerá recuerdos positivos y a otros no. En todos los casos, todos ellos respetables.

Otro prisma no menos importante y que también resulta controvertido es el meramente técnico. Hay opiniones de arquitectos y personas vinculadas a instituciones que tienen por finalidad la conservación de edificios que por su singularidad y sus características merecen un determinado grado de protección. Y hay también hay arquitectos, entre ellos los que forman parte del equipo redactor del Plan General de Calahorra, que señalan en sus informes que «no consideran que existan valores arquitectónicos y urbanos en el edificio del antiguo cuartel y niegan que su desaparición pudiera suponer un perjuicio para el interés general del municipio... Por el contrario, la operación urbana que se genera con el derribo del edificio permite la obtención de suelo para zonas verdes y dotaciones públicas, lo que puede suponer una notable mejora del entorno urbano».

Añaden, además, que «el edificio carece de valores arquitectónicos destacables, presentando una calidad constructiva baja y un mal estado de conservación y que su preservación (total o parcial) como 'edificio contenedor' de otros usos no compensa las limitaciones que impondría al desarrollo urbano».

No son estas las únicas opiniones técnicas que hay. Hay otras de arquitectos y catedráticos que vienen a opinar que «el conjunto tiene una condición de abandono evidente, así como unas características materiales muy deficientes, de difícil recuperación».

Por tanto, considero que resulta poco respetuoso el tachar de ignorantes e incultos a quienes no compartimos la postura de mantener el antiguo cuartel.

Por último, creo preciso abordar como alcalde de Calahorra el prisma que considero más importante y decisivo en esta toma de decisión. Es el político, con independencia de consultas públicas más chuscas que reales, con una participación de 114 habitantes respecto de una población de 24.772, hay que ver cuál ha sido el proceso de decisión amparado por la mayoría del pueblo de Calahorra. No sólo basado en las continuas y reiteradas muestras de opinión transmitidas al alcalde y a los concejales para que con prontitud acometamos el derribo del viejo cuartel.

Como digo es muy relevante cuál es la opinión de todos los representantes políticos de los ciudadanos de Calahorra, que con sus decisiones en el Ayuntamiento han venido a conformar esta decisión. En primer lugar, habremos de recordar que nuestro vetusto cuartel fue objeto de un atentando terrorista en 2008 y nadie entonces ni institución alguna se planteó una rehabilitación ni protección del edificio más allá de las obras de reparación que fueron necesarias.

Tampoco en el plan de ordenación urbana vigente ni en el que está en proceso de aprobación se han producido informes de Patrimonio contrarios al derribo del edificio.

En relación a este nuevo Plan General de Calahorra tan sólo cuatro alegaciones han sido relativas al cuartel. Dos de ellas referentes al mantenimiento de la fachada que da a la calle Bebricio y de la torreta, otra que pretendía su derribo y otra que proponía su íntegra conservación.

Todas ellas desestimadas íntegramente en el pleno del Ayuntamiento por unanimidad de todos los grupos políticos, ya que todos los representantes de los partidos opinan que para el desarrollo de la ciudad lo aconsejable era una nueva zona abierta a los ciudadanos con amplias zonas verdes, espacios dotacionales y con otro espacio destinado a sector comercial.

Como consecuencia de esta decisión se adoptó otra también en pleno relativa a aplicar una partida aproximada de 185.000 euros para el derribo del cuartel repercutibles a quien adquiera el solar en el futuro y 50.000 euros más para construir un aparcamiento para los próximos 3 ó 4 años.

Por lo tanto, nos hallamos ante una decisión avalada técnicamente y aprobada por todos los grupos políticos con representación en el Ayuntamiento de Calahorra.

La opinión unánime y mayoritaria del conjunto de Calahorra está clara y no puede ser sometida a opiniones respetables pero que esta ciudad no comparte.

Los calagurritanos no entenderían que desde Logroño quieran imponer una decisión contraria a lo que ellos desean.

Lo responsable es apostar por el desarrollo de la ciudad y no por mantener un edificio ruinoso económicamente, para cuya recuperación se necesitarían muchos millones de euros.

 

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