Los derechos humanos, en distancias cortas

«Construyamos una sociedad basada en los derechos humanos y empecemos por el día a día en los lugares más cercanos a casa. Lo que hagamos hoy en las aulas condicionará lo que podamos hacer en el futuro dentro y fuera de ellas»

CONCHA ARRIBAS LLORENTE

'Cuando soñamos solos, sólo es un sueño.

Pero cuando soñamos juntos, el sueño se puede transformar en realidad', Cora Weis

Dónde comienzan los derechos humanos? Eleanor Roosevelt, una de las promotoras de la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948, consideraba que estos se juegan en distancias cortas, en lugares minúsculos, muy cerca de casa, en el cole, en el instituto. Conforman el mundo de los valores comunes de toda persona: del vecindario en el que vive, la escuela o universidad a la que asiste; la fábrica u oficina en la que trabaja. Necesarios para todos. Nuestros valores comunes.

La Ley Orgánica de Educación habla del desarrollo de la personalidad, la no discriminación, la libertad individual, la igualdad de género y el respeto a los derechos humanos como principios fundamentales del sistema educativo. Pero miles de niños y niñas, adolescentes de toda España, sufren acoso escolar de forma cotidiana. Es un asunto de derechos humanos.

El bullying o acoso escolar se define como una agresión física, verbal o relacional, intencionada y repetida en el tiempo y en la que subyace un desequilibrio de poder real o aparente que impide a la víctima defenderse. Es un asunto de derechos humanos. Estudios internacionales han documentado el efecto dañino del acoso escolar sobre la salud mental y el bienestar emocional que acompaña tanto a la víctima como al agresor durante la edad adulta. El acoso también incrementa el riesgo de absentismo y abandono de los estudios y repercute negativamente sobre el rendimiento escolar. Es de hecho uno de los determinantes sociales de la educación; su incidencia está estrechamente ligada con las desigualdades sociales.

Habrá quien alegue que acoso ha existido siempre. Para empezar ese no es un argumento para quedarnos con los brazos cruzados. Falta mucha más transparencia sobre los incidentes de acoso escolar.

El acoso en la escuela no es sino el reflejo de la discriminación, la violencia y el prejuicio que carcome a la sociedad en general. Buena parte del acoso se produce por la existencia de determinadas expectativas de que el chico tiene que comportarse como un chico y la chica como una chica. Un empujón que se repite. Un apodo que denigra. Un insulto cada vez que le toca salir a la pizarra. Difusión de rumores. Golpes, aislamiento. En la escuela o en el instituto, existen muchas formas de ejercer y sufrir violencia entre iguales.

La formación continuada sobre bullying debería tener carácter obligatorio para profesorado y otros miembros de la comunidad educativa y debería incluir contenidos relevantes en cuanto a igualdad y diversidad de género, multiculturalismo y TIC. Donde existe la mediación entre iguales (entre los propios chicos y chicas) los resultados son mejores.

Según estudio dado a conocer en 2017, uno de cada cuatro casos de acoso recogido en el informe de la Fundación Anar es ciberbullying, es decir, a través del móvil y las redes sociales con la particularidad de su veloz difusión en breve espacio de tiempo. En estos casos, la mayoría de las víctimas son mujeres y la edad media está en los 13,5 años. Es un asunto de derechos humanos.

Si los jóvenes practican y sufren acoso se debe en un alto porcentaje a la repetición de comportamientos familiares, las conductas de desigualdad presentes en la sociedad en la que vivimos, o a la pérdida de respeto y agresividad hacia el otro, hacia las personas diferentes, que se respira cotidianamente. El acoso escolar es una vulneración del derecho a una vida libre de violencia, a la no discriminación, a la educación, a la salud física y mental así como el respeto a la dignidad de la persona como ser humano.

Acabar con el acoso -una forma explícita de maltrato- es una responsabilidad conjunta de la comunidad educativa, los padres y de los compañeros. Es un compromiso de todos crear un espacio en las escuelas que propicie el pensamiento crítico, la reflexión y la transformación de las personas, evitando los abusos contra los derechos humanos y la discriminación, fomentando el respeto, la empatía y la solidaridad a través de destrezas sociales en el trato con los demás. Y todo ello comienza en la familia, en la escuela, en los espacios pequeños y cercanos.

Los derechos humanos, aquellos aprobados en 1948 por la Organización de las Naciones Unidas, después del desastre y la barbarie de la segunda guerra mundial que se cobró la vida de más de 70 millones de personas en el mundo, y de los que se cumplen 70 años de su promulgación, deben ser el referente básico de nuestras conductas. Y se deben desarrollar en la escuela, en la conformación desde pequeños de la solidaridad, de la igualdad, de la tolerancia, del respeto al diferente. Un paraguas que acompañe, que salvaguarde, que proteja y que nos identifique a todos por igual, seamos de donde seamos, pertenezcamos a la religión que nos interese, vengamos de donde vengamos. Nadie debe ser nuestro enemigo. Ningún ser humano es más que otro.

Construyamos una sociedad basada en los derechos humanos y empecemos por el día a día en los lugares más cercanos a casa. Lo que hagamos hoy en las aulas condicionará lo que podamos hacer en el futuro dentro y fuera de ellas. Porque el acoso, el bullying, es un asunto de derechos humanos.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos