El deber de Sánchez

El presidente en funciones no puede desviar su responsabilidad de construir una mayoría que garantice su investidura y un Gobierno estable

Pedro Sánchez. // JUAN MEDINA (REUTERS)
Pedro Sánchez. / / JUAN MEDINA (REUTERS)
Diario La Rioja
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A punto de cumplirse dos meses desde las elecciones generales, Pedro Sánchez se comporta como si las urnas le hubieran brindado una aplastante victoria ante la que solo le queda esperar que se materialicen por sí solos los engorrosos trámites que le permitirán un nuevo mandato. Sus 123 escaños en un Congreso de 350 no dan para la suficiencia con la que actúa el presidente en funciones. El candidato socialista parece haber confundido el encargo del Rey de someterse a la investidura con un nombramiento efectivo que los partidos están obligados a facilitar. Craso error. La propuesta de Felipe VI coloca a Sánchez ante la responsabilidad de construir una mayoría que haga posible su proclamación y formar un Gobierno estable asentado en ella. A él le corresponde decidir a quiénes desea como socios y alcanzar con ellos los acuerdos programáticos y, en su caso, de reparto de poder que den viabilidad a la legislatura tras un proceso de negociación y cesiones mutuas. Establecer de antemano que gobernará en solitario cuando solo dispone del respaldo de un tercio del Congreso y pretender que los demás grupos le extiendan un cheque en blanco, como si algún imperativo legal no les dejara otra salida es una pretensión infantil alejada de los hábitos de una democracia.

Sánchez no ha conseguido sumar apoyos para su investidura en los contactos mantenidos hasta ahora con otras formaciones. La fragmentación del mapa político y los vetos cruzados entre distintos grupos dificultan su tarea. Pero ni se puede desentender de su responsabilidad y endosársela a terceros ni le exime de ella el hecho de que sea el único candidato con opciones reales de conseguir la confianza del Parlamento. Amenazar con una repetición de las elecciones sin haber planteado siquiera un acuerdo formal a alguno de los partidos a los que precisa para continuar en la Moncloa está fuera de lugar. Insinuar que fijará una fecha para la investidura sin tener atados más votos que los del PSOE refleja una altanería que se compadece mal con su precaria minoría parlamentaria. Llamar a la abstención del PP y Ciudadanos sin contraprestación alguna y acusarles de que, si no se pliegan a sus deseos, ellos serán los culpables de que pacte con el independentismo es una maniobra zafia de alguien que se niega a hacer sus deberes. España necesita un Gobierno estable respaldado en una sólida mayoría para encarar los retos y las reformas pendientes. Sánchez y el conjunto de la clase política han de asumir sus responsabilidades para evitar una nueva legislatura fallida, que el país no se puede permitir.