El debate sobre las víctimas de la violencia de género

Cada día conocemos asesinatos de mujeres a manos de un hombre, con el que habían mantenido un vínculo emocional o a manos de un perverso desconocido. Esta información tan grave que se transmite a modo de suceso, o a modo sensacionalista (en algunos medios), tiene un efecto de normalización de la violencia contra las mujeres, que resulta insoportable.

Asistimos a manifestaciones ante ayuntamientos (con pocas personas) que recuerdan a la asesinada y a sus hijos, víctimas de la misma violencia. En cada caso, se expone cómo fallaron las medidas de protección, si había denuncia o no, si se valoró erróneamente que el agresor tenía un perfil peligroso.... La violencia de género se perpetúa sin cambios significativos, a pesar de los intentos de intervención socioeducativa para prevenirla, y de las medidas policiales o jurídicas instauradas.

Leí el libro de José María Calleja 'Como informar sobre la violencia machista' y me fascinó. El autor elabora una respuesta en la que vehicula la manera adecuada de informar sobre esa violencia, con la propuesta de situar a sus víctimas en el centro del debate político. Ya sé que esta propuesta puede ser controvertida, porque va directa al corazón de la ideología de género creada por el patriarcado para mantener privilegios y desigualdad. ¿No constatan que hay una desproporción entre la gravedad del problema de que los hombres asesinen y violen, de forma sistemática a mujeres, y la manera de informar de ese hecho tan grave en los medios? La información no sólo es escasa sino que tiene una deficiente cobertura. Calleja, víctima de ETA, afirma que es necesario un acuerdo social y mediático, similar al que se gestó con el terrorismo etarra.

A partir de los 90 se produjo un giro en la forma de informar sobre el terrorismo, al comenzarse a a narrar desde el punto de vista de las víctimas y no desde la perspectiva del criminal, como sucedía en los setenta y ochenta. Este cambio se logró situando a las víctimas en el centro del debate político y logrando su reconocimiento político y social.

Las víctimas de violencia machista no están situadas en ese debate, ni tienen el reconocimiento masivo de la sociedad cuando sufren violación, abuso, maltrato o asesinato, como se ha mostrado en el caso de 'La Manada'. Deben dar explicaciones y aclarar si son las culpables del maltrato infligido. En los casos de violación, la mujer es percibida como sospechosa: se cuestiona su testimonio, se le acusa de haber provocado al hombre o incluso de gozar sexualmente. El entorno más próximo al agresor acostumbra a señalar a la víctima como mentirosa o culpable. El objetivo es acallarla (desde la sospecha, rechazo, invisibilidad, brutalidad física y psicológica ) e indicarle el difícil camino que debe recorrer.

Es inadmisible que los medios reproduzcan el lenguaje machista, incluso los discursos de los más progres se adornan con expresiones micromachistas, que a la postre no producen cambios reales. La violencia que padece la mujer debería transmitirse desde el punto de vista de la mujer que la sufre, sin que exista un empate informativo entre el tratamiento del asesino y el de la asesinada.

A esta falta de consideración se refería Pedro Sánchez, tras ser elegido líder del PSOE, cuando propuso que las víctimas de violencia de género tuvieran funerales de Estado, como los de las del terrorismo de ETA. Calleja afirma que «el terrorismo de ETA no es equiparable al terrorismo que sufren las mujeres víctimas de violencia de género», aunque hay más mujeres víctimas de violencia de género que de ETA. Cada año son asesinadas unas 50 mujeres. ¿Qué sucedería si al año fuesen asesinados 50 abogados, jueces, médicos, periodistas?¿Se produciría la misma alarma social, el mismo despliegue informativo, las mismas manifestaciones de apoyo y protesta?

Los asesinos de mujeres comparten ideología de género ya que la consideran un ser inferior a su servicio. Esto, transmitido de generación en generación se transforma en violencia hacia ellas, por lo que urge despertar de la monotonía habitual y dar un salto cualitativo para situar a las víctimas de maltrato y violencia de género en el centro del debate.

 

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