LA CRIBA

MANUEL ALCÁNTARA

Se han vuelto a atascar las presiones del juez del Tribunal Supremo Pablo Llarena, que es el que instruye en España la causa contra los líderes del plan independentista catalán. Por eso, Carles Puigdemont aparece en las fotografías cada vez más contento. Sus presuntos delitos de rebelión, malversación y desobediencia han experimentado una rebaja y será juzgado por sedición en vez de por rebelión. Quien hizo la ley, hizo la trampa, pero las trampas están hechas mejor que las leyes. El Tribunal Superior alemán ha vuelto a desbarajustar las pretensiones del juez del Supremo Pablo Llarena, ya que a lo que aspiraba era a que se hiciera justicia. Pero la justicia está por hacer. En este caso el tribunal alemán sólo aprecia «perturbación del orden público». Mientras, el exministro del PP Eduardo Zaplana ha sido capturado en Valencia por agentes de la UCO y de la Guardia Civil. Nadie es un delincuente hasta que los jueces prueben su delito, pero Zaplana tendrá que defenderse de la acusación de blanquear más de diez millones en cobros ilegales. Son asuntos muy importantes, pero el que más nos importa es el de entregar a Puigdemont por el delito de rebelión. La condena de los telediarios no es suficiente.

Como Puigdemont es una persona muy bien educada, en el caso del 'procès' hay que descartar el delito de violencia. El tribunal alemán continúa siendo inflexible en su defensa, pero su futuro inmediato se decidirá en las próximas semanas. Una de dos: o don Carles es el más listo de la clase o todos los compañeros de estudio son más torpes que él. Como es un fugado, no se le puede aplicar «el riesgo de fuga». La justicia española, aunque no sea muda, es tartamuda. Trabuca las palabras para que se atropellen las unas a las otras.

 

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