Copa Libertadores y G-20

Con el presupuesto de la cumbre de los países más ricos se podría enseñar respeto a todos los hinchas del mundo

ELENA MORENO SCHEREDRE

La Carta Europea del deporte lo define como: «Todas las formas de actividades físicas que mediante una participación organizada o no, tienen como objetivo la expresión o la mejora de la condición física y psíquica, el desarrollo de las relaciones sociales o la obtención de resultados en competición de todos los niveles. El fútbol profesional está entre ellos. Este 'deporte', jugado por 22 financieros en pantalón corto sobre un césped de a millón el centímetro cuadrado, retransmitido por satélites y visionado por millones de personas, se convierte de tiempo en tiempo en noticia amarilla, popular y patética. Cuestión de estadística podría decirse y también, del nivel de violencia y corrupción que encierra el sagrado negocio del futbol. La semana pasada los seguidores del equipo River Plate protagonizaron una de esas vergonzosas escenas que proporciona la carencia de respeto por el adversario, en la llamada Copa de Libertadores. Tiene narices que sea la libertad el patrocinio del rebaño de animales que agredió al contrario mientras las fuerzas del orden jugaban a impedirlo. Si atendemos a la definición, lo que sucedió a la entrada del estadio de River era deporte, puesto que había participación organizada, relaciones sociales, competición, y ejercicio físico; en el lanzamiento de piedras intervienen numerosos músculos y requiere entrenamiento.

Argentina, Buenos Aires en concreto, se prepara estos días para recibir la cumbre del G-20. En el diario de 'La Nación' aparecen los mapas y gráficos por donde el tráfico estará restringido total o parcialmente. La ciudad estará vigilada por tierra, mar y aire pues el prestigio de la nación se esconde en la docilidad de los ciudadanos. Trenes, metros, aeropuertos y carreteras se cortarán o alterarán sus recorridos para que todo resulte un espejismo a los ojos de los poderosos de este mundo. Los blindados llegarán hasta las puertas del estadio de Boca para ver el barrio de 'Caminito'. Tangueros disfrazados de pasión y malevaje les harán cuatro piruetas para que recuerden, camino hacia alguna estancia gaucha, lo que ofrece el país. Me apuesto la mano derecha a que no habrá la cantidad de mendigos o gente sin hogar que hay en las calles de esa ciudad que amo por muchas razones y que, cuando se mira al espejo, ve el reflejo de París, Madrid o Roma. El verano austral suavizará las tensiones entre Estados Unidos y China, entre Estados Unidos y la Unión Europea, entre Estados Unidos y México... Las barras bravas, e hinchas, con mucho verso y sin psicoanalizar, habrán vuelto a la cerveza Quilmes y al choripán, porque lo del G-20 se las trae al pairo; deben estar en forma para responder el día que se pueda celebrar el pendiente encuentro. Por cierto, con el presupuesto de la organización del G-20 se podría enseñar respeto a todos los hinchas del mundo.

 

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