Consenso en política exterior

JAVIER FERNÁNDEZ ARRIBAS

Las relaciones internacionales tienen una larga serie de servidumbres. Es famosa la interpretación británica de que el Reino Unido no tiene política exterior, tiene intereses y lo demuestra cada día. Cuando un gobierno pretende colocar la principios delante de los intereses tiene que asumir una larga cadena de incoherencias que se explican muy mal a la mayoría de la opinión pública. Es el caso del Gobierno español de Pedro Sánchez con Arabia Saudí y el asesinato del periodista Jamal Khashoggi. Partimos de un grave error por parte de la ministra de Defensa Margarita Robles, con el aval correspondiente, que sumándose a la política de buenos propósitos y gestos altruistas anunció la paralización de la venta de armas al reino saudí.

Tuvo que ser el propio presidente quien hablara de la trascendencia de la relación global entendida como un todo. Es decir, la entrega de las 400 bombas de precisión condicionaba el contrato con Navantia para la construcción de varias corbetas que salvaba los puestos de trabajo en Cádiz. Se impuso el pragmatismo y se desautorizó a la ministra para salvaguardar los puestos de miles de trabajadores que van a votar el próximo 2 de diciembre en las elecciones andaluzas. En el PSOE Andaluz no se le pasa por la cabeza a nadie perder esos puestos de trabajo, es decir esos votos. Pero ahora el asesinato de un crítico con el Gobierno saudí, sea periodista o bombero , y sobre todo, la manera de asesinarlo y la pretensión de encubrirlo ha provocado una lógica y necesaria protesta internacional, con Alemania liderando la decisión de no vender armas a los saudíes.

Pedro Sánchez tendrá que hacer, una vez más, encaje de bolillos para justificar que su política con Arabia Saudí es global y que se mantiene la venta de armas. En este proceloso camino se ha encontrado en el Congreso con el coherente apoyo del PP, una demostración de cierta esperanza política.

El asesinato de Khashoggi es una aberración deleznable, pero las relaciones con un país como Arabia Saudí, o cualquiera, debe contextualizarse con estamentos claros desde el principio. No es nueva la forma de gobernar de los wahabies sauditas, lo conocíamos cuando se logró el contrato millonario para construir el AVE de La Meca o el metro de Riad o la compra de su petróleo. La reacción a este vil asesinato debe producirse con respuestas serias y rigurosas y no caer en acciones efectistas, demagógicas y populistas. El Gobierno saudí merece una dura respuesta de larga duración.

Hay que medir bien la decisión y asumir las consecuencias aunque sean impopulares. Si opta el Gobierno por la solución alemana poniendo en peligro todos los contratos con los saudíes, el siguiente paso sería, para seguir con esa misma coherencia moral, cortar la compra de petróleo y otros negocios con Venezuela dónde hace pocos días un concejal opositor se suicido tirándose por una ventana de la sede de los servicios secretos venezolanos, controlados por cubanos. Sería un primer paso Porque después habría que cancelar relaciones con China, Rusia, etc... Estamos ante una prueba de fuego de la categoría política del Gobierno socialista, apoyado por el PP. Puede ser un buen precedente para afrontar otros graves asuntos de Estado, como Cataluña. O será mucho suponer. Veremos

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