El conflicto se degrada

Las declaraciones de Quim Torra no llegan a quebrar la legalidad, pero bloquean cualquier solución

Los graves sucesos del sábado en Barcelona, en que los Mossos tuvieron que interponerse entre una manifestación de policías estatales y otra organizada por los Comités de Defensa de la República, confirma que la unidad oportunista del separatismo es en la práctica una gran ficción y que una hipotética república catalana no podría fundarse en la suma de los que aspiran a hacer de Cataluña una segunda Irlanda y quienes tan sólo buscan erigir un régimen colectivista al margen de la UE como el de la pintoresca Albania de Enver Hoxa. Y tampoco es fácil, por cierto, conciliar el pospujolismo que representa Puigdemont, defensor de los intereses de la burguesía catalana, con el republicanismo de Junqueras, muy variable pero con un sesgo ideológico radical reconocible. En este marco, la conmemoración del primer aniversario del 1-O, que hoy se celebra sin luz alguna en el horizonte, agrava la melancolía ante la evidencia de que el conflicto se deshilacha y se multiplica. Como ya le ocurrió a Puigdemont cuando, tras el 1-O, planeaba convocar elecciones, Quim Torra ha tenido que escuchar ahora duras acusaciones de 'traidor' por evitar la policía autonómica una batalla campal callejera de consecuencias imprevisibles. Los errores de aquella fecha infausta -la celebración de un referéndum ilegal, que provocó la respuesta inapropiada de las fuerzas de seguridad del Estado- no han sido asumidos por quienes lanzaron el trágala soberanista y han degenerado en una creciente parálisis de la autonomía y del conflicto catalanes. Las constantes declaraciones ácidas de Torra no llegan a quebrar la legalidad, por lo que no requieren de momento respuesta jurídica, pero bloquean cualquier solución. De hecho, la parálisis del proceso político se ha manifestado sobre todo en el Parlamento de Cataluña, inactivo desde hace más de 70 días, y que sólo esta semana volverá a reunirse en plenario, no para acordar y consolidar nuevos proyectos legislativos, sino para proceder a un introspectivo y seguramente inútil debate de política general.

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