Un concurso

Nuestros políticos se desenvuelven hoy por hoy en un estado de confusión, de improvisación y de fingimiento

FELIPE BENÍTEZ REYES

En un pueblo de cuyo nombre no quiero acordarme, la agrupación local de Podemos ha convocado un concurso literario para celebrar «el verdadero Día de Andalucía», que, con arreglo a su parecer, fruto sin duda de un estricto ahondamiento sociológico en los calendarios, no es el 28 de febrero, según quiere la oficialidad, sino el 4 de diciembre. Esta controversia en cuanto a la fecha de celebración de un día tan señalado rebasa quizá el ámbito político para invadir el de los debates teológicos, que tan entretenidos y sofísticos resultan. Pero hasta ahí bien: febrero, diciembre... Al fin y al cabo, lo importante es celebrar algo, sea en la fecha que sea, y poco importa el que una celebración que en principio debería ser común se convierta en una celebración de parte. No siempre se puede coincidir no ya en los criterios, sino ni siquiera en los almanaques.

El concurso literario en cuestión se denomina «Festivá andalú», una denominación en que se pierden dos consonantes, pero en la que, como compensación, se ganan dos tildes, de manera que vaya lo uno por lo otro. Lo raro empieza a hacer su aparición, no obstante, en el punto primero de las bases, a saber: «Pueden participar todas las personas que lo deseen, cualquiera que sea su nacionalidad, siempre que presenten textos en español». De lo cual se deduce que el «festivá» será todo lo «andalú» que se lo permita la transcripción fonética, pero que los concurrentes al premio ya saben: en español. Ni siquiera en 'españó'.

La anécdota en sí carece de trascendencia... o tal vez no, ya que podría interpretarse como síntoma de un fenómeno más amplio: el estado de confusión, de improvisación y de fingimiento en que se desenvuelven hoy por hoy nuestros políticos.

Se me objetará que el hecho de que los políticos anden confundidos, el hecho de que improvisen y el hecho de que finjan es consustancial a su profesión, y tendrán razón de sobra los posibles objetores. Pero lo desconcertante resulta el grado. Porque da la impresión de que nuestros representantes públicos practican menos la gestión razonada que la tormenta de ideas, lo que da pie no sólo a que, en ocasiones, algunos ministros se contradigan entre sí, sino incluso a que, en medio de la ajetreada negociación en torno a los presupuestos generales, Podemos tenga la ocurrencia de proponer la legalización de la marihuana, que es ya lo que les falta a algunos políticos para ver chiribitas.

El Gobierno del PP, entre sus múltiples defectos y desmanes, tuvo un fallo: el de no darse cuenta de que la política es también una cuestión estética. El del PSOE da la impresión de estar cometiendo un fallo inverso: creer que la política es una cuestión esencialmente estética.

Por lo demás, el plazo para presentarse a «Festivá andalú» termina el 20 de noviembre. Anímense.

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