Comienzo de curso

El problema catalán no es el único que tendrá que afrontar Sánchez desde la precariedad de su minoría parlamentaria

DIEGO CARCEDO

Nunca el comienzo de curso, lo mismo da que se trata del académico que el laboral o el político, es fácil. Siempre hay retos pendientes y asignaturas que se arrastran del anterior además de las nuevas que esperan. Cuando llegan estas fechas se recurre al tópico de que se vislumbra más complicado que los anteriores. Y mirando la agenda, este no es la excepción: más bien lo contrario. Hay muchas cuestiones que aguardan y muchos los problemas en la vida pública que hay que afrontar.

Destaca por encima de todos el conflicto catalán, que ni el paso del tiempo ni los esfuerzos del nuevo Gobierno por encarrilarlo han conseguido avances. El reto al Estado no decae. El proceso se sabe que será lento, pero mientras entre los gobernantes autonómicos no se imponga la sensatez y el pragmatismo, es imposible mostrar optimismo. El presidente de la Generalitat, Quim Torra, es además una persona poco dotada para la negociación, a lo que se suma su servil dependencia del evadido y resentido Puigdemont.

La proximidad de la Diada y, enseguida, del aniversario del intento de referéndum del 1-O está ahí, mientras la provocación permanente de los lazos amarillos incentiva la amenaza de un enfrentamiento social de consecuencias imprevisibles. La economía sufre las consecuencias y de manera especial la catalana y particularmente la de Barcelona, una ciudad cuya visita empieza a ser estigmatizada como poco recomendable a los turistas. Pero para el Govern, cruzado de brazos, y el Parlment, cerrado, eso no parece preocupar.

Con todo, el problema catalán no es el único que tendrá que afrontar Pedro Sánchez y su Gabinete desde la precariedad de su minoría parlamentaria. El traslado de los restos de Franco, que ya va siendo hora de que deje de perturbar la normalidad política, todavía dará quebraderos de cabeza hasta que pase a la Historia. Pero más allá de la agenda política está la aprobación del techo de gasto soslayando el polémico veto del Senado y la manera de afrontar la aprobación y el déficit con el apoyo de Podemos y nacionalismos.

Todo por no recordar la presión de la inmigración ilegal donde la humanidad tropieza con límites que deben ser coordinados en el guirigay europeo. Y así podríamos seguir enumerando cuestiones complejas sin descartar que surjan otras nuevas. Y si el Gobierno parte con un duro reto tampoco la sociedad tiene razones para despreocuparse: ahí están las dudas sobre el futuro de las pensiones, el paro sigue en porcentajes insostenibles, la desigualdad sigue creciendo y la relación salarios y coste de la vida agravándose.

Falta añadir que el curso político incluye varias citas electorales para dentro de unos meses. Una proximidad que sin duda condicionará también el enfoque que se pueda dar a todos estos problemas y sus soluciones.

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