Menos coalición

No es fácil que en solo cinco días Pedro Sánchez y Pablo Iglesias demuestren que, en realidad, están de acuerdo; y que ofrezcan al país un gobierno solvente junto a una mayoría estable

Menos coalición
Diario La Rioja
DIARIO LA RIOJA

La renuncia personal de Pablo Iglesias a postularse para ser miembro de un nuevo gobierno presidido por Pedro Sánchez sitúa al candidato socialista ante la tesitura de aceptar la exigencia de Unidas Podemos de conformar un ejecutivo de coalición, con todas sus consecuencias. Pero el hecho de que los «socios preferentes» no hayan avanzado en nada al respecto, cuando en cuestión de horas tendrá lugar el debate de investidura y en cuestión de días las dos votaciones previstas, invita a mirar con escepticismo su disposición a suscribir un pacto de alcance antes del jueves 25 de julio.

Que dos formaciones se coaliguen para gobernar uno de los principales países europeos, organizado políticamente como Estado compuesto, requiere que posean un programa de actuación acordado, junto a pautas para fijar una respuesta conjunta a aquellas cuestiones que se susciten en adelante. Un gobierno de coalición no puede dar lugar a que los ministros que lo conformen se atengan a las directrices particulares del partido del que son miembros. Pero su cohesión interna y el apoyo parlamentario que necesita dependen también de que la persona investida como presidente en tanto que líder de uno de los partidos acepte las indicaciones de la otra formación a la hora de nombrar los ministros que correspondan a su cuota. El veto explícito a la entrada de Iglesias en el ejecutivo resulta tan anómalo en una democracia parlamentaria abocada a un gobierno de coalición, que Sánchez ya ha agotado sus posibilidades de depurar la lista de ministrables que le proponga el líder de Unidas Podemos. En un tiempo récord, Sánchez e Iglesias deberán reordenar los factores de su alianza.

En primer lugar, deberán consignar sus coincidencias programáticas y, sobre todo, evaluar cuidadosamente las discrepancias actuales, así como prever los desencuentros que pudieran darse de inmediato. Un ejercicio que han de realizar sin reservas para transmitir confianza a los grupos parlamentarios cuyo apoyo o anuencia necesitaría Sánchez para verse investido, y su gobierno para dar inicio a la legislatura con los Presupuestos 2020. Después de eso tendrían que distribuirse las áreas de gobierno, atendiendo a su desigual relevancia. Lo que obligaría a revisar la exigencia de «proporcionalidad» formulada por Pablo Iglesias, y la propia estructura ministerial. Solo entonces estarían los interlocutores en situación de hablar de nombres. Una tarea demasiado ardua y un trayecto demasiado vertiginoso como para que en cinco días Sánchez e Iglesias demuestren que, en realidad, están de acuerdo, y ofrezcan al país un gobierno solvente junto a una mayoría estable.