EL CIELO VACÍO

MANUEL ALCÁNTARA

Desierto sin arena, porque lo que quiere el presidente es lo mismo que queremos casi todos los españoles, salvo los que hacen todo lo posible porque no se cumpla. El llamado «cielo protector» no solo está probando su resistencia, sino la nuestra. El arte de seguir tiene unos pésimos seguidores cuya única virtud es tratar de que no nos desanimemos a nosotros mismos. Los que nos tenemos autoprohibido el desánimo nos preguntamos si será verdad que España es indestructible. Depende de los que vienen detrás, pero entre otras dificultades nos queda la mayor, que es donde ponemos al muerto por antonomasia. Entre otras dificultades, el llamado «asalto al Estado» no sólo está probando su resistencia, sino la nuestra.

Los que nos tenemos autoprohibido el desánimo no tenemos el menor mérito porque ya estábamos desanimados. Entre otras dificultades de diversa cuantía nos queda por solucionar la mayor, que es dónde ponemos al muerto para que no se convierta en sujeto de adoración o repulsa. El denominado Valle de los Caídos está a rebosar. ¿Dónde ponemos al difunto, que no cabe en ningún sitio? Sólo unas elecciones generales pueden aclarar lo que está tan turbio que nadie puede verlo claro mientras más se acerca.

A la arena le está faltando sitio. ¿Será verdad que España es indestructible o que ya está destruida por el independentismo? Los que no vamos a ver la solución seguimos buscándola. Todo o casi todo depende de los que vengan detrás. Allá ellos y allá nosotros. El desierto se ha quedado sin arena. El «cielo protector» se ha nublado y dudamos de que mañana sea otro día o el mismo. Hasta que no haya nuevas elecciones no lo sabremos.

 

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