Casado, inerme

El ímpetu locuaz del líder del PP se desvanece cuando revelaciones del pasado le restan credibilidad y solvencia

La revelación del encuentro secreto mantenido por la entonces secretaria general del PP, María Dolores de Cospedal, con el entonces comisario de Policía José Manuel Villarejo para interesarse sobre las investigaciones en torno a la 'Gürtel' no mereció hasta ayer valoración alguna por parte del presidente popular, Pablo Casado. En medio de la campaña de las elecciones andaluzas, en Huelva, se vio obligado a hacer mención del asunto al señalar que Cospedal no había mentido, aseverar que su ejecutiva no tiene «nada que ocultar o temer» y advertir de que su «único compromiso es con los afiliados», en clara alusión al crucial apoyo de Cospedal con que Casado contó para acceder a la presidencia del partido. Los dirigentes del PP llevan años eludiendo responsabilidades políticas respecto a los sucesivos casos de corrupción en que se han visto envueltos muchos de sus responsables con el argumento de que se trataba de otra etapa en la historia reciente de la formación. Pero junto al hecho de que el PP nunca se ha empleado a fondo en la depuración de sus propias filas, más que cuando la situación se hacía insostenible y siempre a regañadientes, ningún nuevo presidente podrá heredar un partido impoluto mientras los escándalos prosigan o continúen en marcha procedimientos judiciales cuya relevancia minusvaloran, como lo ha pretendido el propio Casado. Éste no habría podido alcanzar la presidencia del PP sin el apoyo de Cospedal; es decir, sin el concurso del pasado del partido, al que tampoco fue ajeno, aunque desde responsabilidades de segundo nivel. Resulta vana la insistencia en aceptar como legado solo una parte de la ejecutoria popular, desentendiéndose de los episodios más sombríos o edulcorándolos con fingida indiferencia. Si Casado no tiene «nada que ocultar o temer» tampoco le sería preciso deshacerse de Cospedal, a no ser que sepa de episodios cuya revelación acabaría incomodándole. Si Casado está decidido a pasar de verdad página respecto a los escándalos que continúan desacreditando al PP, no tendrá más remedio que mostrarse beligerante con aquellos que fueron dados de baja del partido y están pendientes de juicio; pero también con aquellos que pudieran verse requeridos por la Justicia, con el carnet de los populares en el bolsillo. Casado no puede saber si Cospedal ha mentido cuando no ha dicho la verdad. El ímpetu locuaz del líder del PP queda inerme cuando las revelaciones sobre irregularidades pasadas le restan credibilidad y solvencia; cuando se evidencia que no es capaz de deshacerse de su propio pasado para afrontar el futuro a la cabeza de un partido nuevo.

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