Casado se encrespa

Con su estrategia de la crispación, Casado gana ahora para perder luego

JOSÉ MARÍA CALLEJA

Ha coincidido la arremetida de Pablo Casado contra el presidente del Gobierno, tildándole de responsable y partícipe del golpe de Estado en Cataluña, con la entrada de Rodrigo Rato en prisión.

Aznar, constructor de la imagen de Rato como artífice del supuesto milagro económico español, está ahora encantado con su PP, básicamente por el cambio de líder. Se ha ido Rajoy y ha llegado uno de los suyos, suyos. Rajoy era sólo 'suyo'.

Aznar le pregunta -interrogativa afirmativa- a Pablo Casado, con tono de colega, que cuándo ganamos las elecciones, y no parece que haya tenido que explicarle al nuevo líder del PP, antes de que conteste pronto, la estrategia de la crispación, a la que Aznar se dedicó con ahínco, en su indesmayable tarea de oposición, allá entre 1993-1996, a crisparlo todo, así fuera el terrorismo o los problemas económicos.

Casado vive una urgencia plena de efervescencia. Cree que un día sin decir un disparate es un jornada perdida en su afán por recuperar los tres millones de votos evacuados del PP por la corrupción y la supuesta blandenguería; no deja un minuto sin reforzar su idea de ser el líder de todas las derechas, incluida Vox. Está Casado en el síndrome del ciclista: si dejo de pedalear, me estazo.

Es más que probable que Casado siga en esa estrategia aznariana de la crispación hasta que se celebren las próximas elecciones generales. Se trata de saber si esa elevación teatralizada de la temperatura le traerá votos, o dejará la banda derecha como una amplia pradera para que Ciudadanos trote y se sienta de centro centro de toda la vida, para que se lleve aún más votos peperos. El tiempo dirá.

Mientras tanto, casi resulta naif plantear que este nivel de encanallamiento de la vida pública no trae beneficios, por ejemplo, para los que firman estos días una hipoteca, y no saben cómo; para los que echan cuentas con la dependencia; incluso para los que piensan que es posible un arreglo, no una solución, con la hiriente ruptura de la convivencia entre los nacionalistas catalanes y los que no lo son y no lo quieren ser.

Rato está en la cárcel, a pesar de todos los que, llenos de razón solemne, nos dijeron que jamás entraría en la cárcel. Sigue aún, el ministro milagrero, sin dar las explicaciones pertinentes sobre su dimisión antes de plazo del FMI.

Casado cree que recupera músculo de partido con su calibre grueso, pero da una imagen de falta de patriotismo, no solo cuando critica a España en instancias europeas, sino cuando decide que España es mala si no la gobierna él. No sé si esto se acabará volviendo en su contra.

Con su estrategia de la crispación, Casado gana ahora para perder luego y, sobre todo, añade un plus de dificultad a los intentos de arreglo de los problemas diarios del país.

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