Por la ventana

JAVIER VALDELVIRA

Probablemente lo que voy a narrar a continuación le suene a muchas personas y sobre todo por el parecido con un suceso reciente acaecido en nuestro querido país hermano, Venezuela. El 7 de noviembre de 1962 se detuvo a un hombre, que fue llevado a la Dirección General de Seguridad, situada entonces en la Puerta del Sol de Madrid. Fue torturado y arrojado desde un segundo piso a la calle, produciéndole graves lesiones. La policía franquista del momento alegó que fue él el que saltó voluntariamente desde una ventana.

Este hombre se llamaba Julián Grimau García y fue un comunista procesado y condenado, el último de la época de la dictadura, como consecuencia de su actividad durante la guerra civil. Su delito ya había prescrito pero, tras un turbio juicio el 20 de abril de 1963, se le ejecutó mediante fusilamiento por soldados de remplazo.

El concejal venezolano Fernando Albán, detenido por estar acusado de formar parte en el atentado fallido contra el presidente Nicolás Maduro, falleció el pasado lunes 8 de octubre en la sede del Sebin (Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional), en Caracas. La noticia la difundió el fiscal general designado por la Asamblea Nacional Constituyente (ANC). Los voceros de Maduro aseveraron que Albán murió cuando solicitó permiso para hacer uso del baño y ya en él, se lanzó al vacío. Luego se generalizó la teoría del suicidio difundida por tan democrático régimen venezolano.

La intención de aquellos policías de la dictadura franquista estaba clara al lanzar a Julián Grimau por la ventana estando esposado y siendo torturado, ocasionar su muerte, final que consiguieron no ese día pero si unos meses más tarde. Desgraciadamente con el concejal venezolano Fernando Albán sí consiguieron sus pretensiones en primera instancia. Todo lo anterior no deja de ser la realidad descarnada de la brutalidad humana en estado puro, pero quizá lo que más nos debería alertar y sorprender es saber que ciertos partidos políticos de nueva marca son los que han asesorado de una forma activa e ideológica a semejante régimen bolivariano. Alegar desconocimiento ante esta realidad es tan falaz como no reconocer que Franco fue un dictador.

Lo que ocurrió hace más de medio siglo justifica el oprobio que merece pero lo que en la actualidad acontece por parte de una ideología leninista no deja de ser algo sorprendente cuando sus conmilitones del otro lado del atlántico pisotean las libertades y, en nuestra querida Iberia, defenestran el proceso que nos llevó a todos los españoles a cambiar un régimen caduco por otro más justo y democrático al regalarnos una Constitución, que rezuma libertad y legalidad.

La estulticia de los humanos nos llevaron en tiempos demasiado pretéritos a los más graves errores de la historia al elegir democráticamente a la bestia ¡No caigamos en el mismo error!

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