La última despedida

MARI LUZ ARANCE SAEZ

Te escribo mi amor, te escribo desde el dolor y la dicha, desde la lágrima y la sonrisa, desde la luz del recuerdo y la sombra del adiós. Desde el momento que te vi supe lo que serias para mí, y yo fui sintiendo lo que era para ti. Yo era tu vida, la alegría de tu pecho, ese pecho que tenía las horas marcadas, que ya el destino le había puesto la hora de partida. Pero supe desde el primer sonido de tu voz que tú eras las mariposas en mi estómago, en mi alma y en mi destino.

No había tiempo, por eso cada segundo contaba, cada golpe del reloj era absorbido con ansia, cada momento era exprimido como si hubiese sido la última campanada del destino.

No tuve miedo amor. Bueno sí, lo tenía al pensar en la hora de tu partida, pero eran solo segundos lo que duraba ese pensamiento, pensamiento que yo nunca dejé que tú vieras en mí; el dolor me lo guardaba y a ti solo te dejaba ver la alegría que anidaba en mi alma; no quería perder el tiempo, el poco que teníamos, pensando en la tristeza; le cerré la puerta de mi mente para poder disfrutar cada momento contigo.

La caricia de mis manos fue la última que recibieron tus ojos, tus labios se llevaron mi último beso y en mi alma quedó tu última mirada. Pero, ¿sabes, mi amor?, no te has ido, tu recuerdo está aquí, a mi lado, llenando mis huecos, mi vida, mi ser. Borrando mis lágrimas y levantando cada una de mis caídas.

Te amé, te amo y estarás conmigo hasta el fin de los días. Porque hay algo mucho más poderoso que la vida o la muerte y es tu presencia en mi corazón.

Hasta siempre mi amor.

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