Übermensch: superhombre

J. L. ESTEVE

Estimado director, así llamaba Friedrich Nietzsche, un famoso filósofo alemán, que al final acabó loco perdido, al hombre del futuro, al superhombre.

Sus ideas, aparecidas en el siglo XIX, han servido de base a la mayoría de redentores mesiánicos que han provocado a veces terribles catástrofes humanas. Su tesis preferida era la del superhombre; nosotros no somos más que un pálido reflejo de lo que podríamos ser, si nos quitamos de encima todo el lastre de la cultura cristiana, que a lo largo de dos mil años ha mantenido un control férreo, sometiendo a las personas más débiles a una «moralidad esclava». Un espíritu gregario, que provoca un estado de resignación y conformismo, hacia todo lo que sucede a su alrededor. En su libro «Así habló Zaratustra», que por cierto no dijo eso hace casi cuatro mil años y que en el libro le achaca Nietzsche, éste dice: «¡Mirad, yo os enseño el superhombre! El superhombre es el sentido de la tierra. ¡Yo os conjuro hermanos míos, permaneced fieles a la tierra y no creáis a quienes os hablan de esperanzas sobreterrenales! Son envenadores, lo crean o no. Son depredadores de la vida, son moribundos y están, ellos también, envenenados; la tierra está cansada de ellos: ¡ojalá desaparezcan!». Y así ha ocurrido en el siglo XX, muchos millones de seres humanos han sido tachados de infrahombres y suprimidos por mesías iluminados o simples dictadores sin escrúpulos. ¡Pobre Nietzsche, para él, Cristo su vida, su muerte y su enseñanza no valen!

Y así tenemos hoy a millones de hombres y mujeres intentando alcanzar esa utopía imposible, basada en el derecho a todo lo que me apetezca o me guste y sin ninguna obligación con nada ni con nadie.