Trajes y corbatas o piercings y tatuajes

BENITO COTERÓN BLANCO

En Diario LA RIOJA del 3 de julio, una columnista se lamentaba del cierre de un restaurante de solera en nuestra ciudad, al tiempo que hacía un amargo juicio sobre lo mucho que, según ella, ha «degenerado» el servicio en hostelería. Y para ilustrar esta degeneración cerraba su columna expresando lo muy molesta que se sintió porque una camarera que le atendió llevaba un piercing y un tatuaje. Esto me ha hecho pensar y he recordado casos de damas y caballeros de mucha 'categoría', con posiciones dirigentes en la sociedad, que suelen vestir con elegancia absoluta trajes muy caros. Hay un sinfín de actos de mala educación y grosería de estas personalidades, pero destacaré el de todo un presidente de los EEUU cuando afirmaba que «si eres rico, puedes hacer con ellas lo que quieras, incluso agarrarlas de los genitales». Bueno, la frase se dijo de forma mucho más políticamente incorrecta, pero es tan brutal que puede ofender a los lectores. En cambio, conozco a decenas de jóvenes con tatuajes y piercings que dedican una parte importante de su tiempo como voluntarios atendiendo a personas mayores, auxiliando a niños en riesgo de exclusión social, socorriendo a los refugiados...

En la vida cotidiana, he constatado cómo muchas damas y caballeros magníficamente vestidos miran con desdén a quien les da los buenos días mientras que jóvenes con piercings y tatuajes ceden su asiento en el autobús urbano con toda amabilidad.

Soy consciente de que muchos lectores comparten la visión de la columnista, pero invito a reconsiderarlo. Este mundo en el que vivimos, sacudido por tanto sufrimiento y dolor, está regido por hombres muy bien trajeados que provocan desastres a sabiendas y no les tiembla el pulso a la hora de emplearse con suma crueldad despreciando la dignidad humana. Incluso presumen en público de ello. En cambio, jóvenes con piercings y tatuajes se entregan a trabajar por el prójimo y gracias a ellos el mundo es todavía mínimamente habitable. Es verdad que la primera impresión y la apariencia son importantes, pero muchos de nuestros males vienen de poner nuestros destinos en manos de los primeros mientras recelamos de los segundos.

 

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