La tolerancia a la estupidez

ROSA M. LÓPEZ GARCÍA

Cuando creo que he perdido la capacidad de sorprenderme, tristemente reconozco que no es así. La penosa falta de respeto de Dani Mateo en televisión hizo que volviera a sorprenderme. Dejando de lado su dudosa intención de hacer un sketch gracioso, manifestar que la grosería y la falta de respeto no tienen nada que ver con el humor. El humor es otra cosa.

No soy en modo alguno partidaria de mostrar públicamente mis inclinaciones políticas o religiosas. Entiendo que eso forma parte de mi intimidad. Pero al margen de eso, respeto todas y cada una de las manifestaciones que en esos sentidos puedan hacer o mostrar terceras personas. Llámese bandera tricolor, señera, Ikurriña.....

En cualquier país civilizado (y quiero añadir civilizado con toda intención), la gente respeta su bandera. Es más, se enorgullecen de ella sin ser tildados de fascistas, fachas u otros calificativos. Parece ser que aquí, en esta España nuestra, de todos (mal que les pese a algunos) sólo nos sentimos orgullosos de ella en los mundiales deportivos. Allí somos capaces de rompernos la cara con cualquier rival que ose menospreciar a España. Allí sí somos los españoles. Sin embargo, fuera de los eventos deportivos no movemos un dedo por defender lo que es la representación de nuestro país. Es más, demostramos la mayor de las intolerancias a quien lo respeta.

No sé si Dani Mateo, que por cierto es catalán, hubiera hecho lo mismo con la señera. Tengo mis dudas e imagino el revuelo que se hubiera producido en Cataluña. Señera, ikurriña... son banderas de nuestro territorio. Y todas merecen respeto.

No quisiera creer que 80 años después, sigan teniendo la fuerza y significado político que tuvieron los versos de Machado «...una de las dos Españas, ha de helarme el corazón».

En tiempos de unión, de eliminación de fronteras, de unidad monetaria... aquí tenemos lo contrario.

 

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