No hay que tener miedo a vivir

MARÍA JESÚS CHINCHETRU

Han sido unos meses duros, eso no lo puedo negar. Quien haya pasado o esté pasando por esto, lo sabe bien. Pero también unos meses cargados de intensas emociones y vivencias. Esta carta es para agradecer muchas cosas. Lo primero, a Dios por esta segunda oportunidad y lo segundo, a mucha gente que me ha acompañado. Mucha gente que ha rezado por mí, que me ha dado su energía positiva, su cariño, su apoyo.

Esta carta es para dar las gracias, en especial, a mis pacientes. Ahora que estoy de vuelta me emocionáis mucho con vuestros comentarios, deseos, abrazos, besos... No os puedo estar más agradecida. Me dais todos los días una razón para dar lo mejor de mí, me motiváis profesional y anímicamente y, sobre todo, me dais una lección de vida. Muchas, muchas gracias. Os he sentido muy cerca.

Por supuesto, también quiero dar gracias a mi gente. A mi familia, sin duda; a mis esplendorosas y espectaculares amigas; a mis médicos, a mis compañeros, a mi gente del colegio y al colegio Agustinas; a 'las de pilates' y a las del gimnasio, y también a mi grupo de oración. Y otra vez a mi marido, a mi familia, a mis padres y a mis amigos y amigas.

Cuando falta la salud necesitamos todavía más de los demás. De su cariño, de su delicadeza, de su amor. Es esencial tener cerca a los nuestros y también es importante que respeten nuestros tiempos.

Doy gracias a Dios por volver a trabajar y porque la revisión de mi ginecóloga (mil gracias a ella también) me pilló a tiempo. Hay que cuidarse, hay que ir al médico. No hay que tener miedo a vivir.

Muchas gracias a todos y espero seguir ahí.