Rioja: cuando el radicalismo islámico amarga el vino

FRANCISCO LÁZARO DOMÍNGUEZ

«Aremos, dijo una mosca a un buey». Es un antiguo refrán español que desenmascara a aquellas personas que, con el pretexto de cosas trascendentales, se aprovechan del trabajo de quienes les rodean para adquirir ventaja: ser foco de atención, conseguir poder y, frecuentemente, el plus de ganarse un dinero fácil que les solucione el asunto laboral. Algunos autoproclamados líderes religiosos, en las diferentes comunidades islámicas de España, responden a esta caracterización por el procedimiento, burdo pero eficaz, de asumir protagonismo así, sin más. Un día alzan la voz para exponer opiniones generalistas y ramplonas. Y a partir de ahí continúan adelante: se muestran en público, acaparan el diálogo en reuniones, inflan el tráfico en redes sociales y se presentan como interlocutores de facto en cualquier ocasión protocolaria que se les presente. El caso Bouali en La Rioja (con vinculaciones a un activismo islámico radical representado por el imán Mohammed Said Aláa [imán expulsado de España desde Logroño, Nota de la R]) constituye una muestra representativa de este trend topic. En un país como el nuestro, proclive a tomarse con parsimonia y dejadez el problema de las minorías étnicas procedentes de países islámicos, los espontáneos pueden convertirse en fuente de no pocas complicaciones.