Políticos mediocres

J.L. ESTEVE

Estimado director, los españoles padecemos una extraña enfermedad social que nos transforma en una especie depredadora y sin escrúpulos en cuanto alcanzamos un cargo público. Por supuesto que hay, no muchos por desgracia, inmunes a dicha enfermedad, quizás porque conocen los riesgos que corren si aceptan el cargo, de transformarse de excelentes personas en políticos mediocres o en algo peor.

Y esto no es de ahora. Ya en el año 1200, un poeta anónimo en el Cantar del Mío Cid, decía de este caballero: «¡Qué buen vasallo sería si tuviese buen señor! refiriéndose al rey Alfonso XII de Castilla.

Ahora más de ochocientos años después, seguimos igual. ¡Qué buenos ciudadanos seríamos y grande sería España, si a lo largo de ese tiempo, hubiéramos tenido un puñado de buenos políticos!

Desgraciadamente son más difíciles de encontrar que una aguja en un pajar y así estamos: siempre colgados de la brocha porque nadie quiere sacrificarse y hacer de escalera.

Con todo mi afecto y consideración.