La plaga de las bicicletas en las aceras

DANIEL IBÁÑEZ MORA

Quiero manifestar mi preocupación, como ciudadano (conductor unas veces y peatón otras) por los desmanes que provocan continuamente los usuarios (conductores) de bicicletas. Generalmente se trata de personas jóvenes o semijóvenes, que campan por sus respetos, pero que no respetan nada ni a nadie.

Hoy he sido testigo de una situación de peligro, que se podía haber saldado con una desgracia. Salía del colegio mi nieta, de tres años, acompañada por su madre y por sus abuelos (mi esposa y yo mismo). En un momento que se ha adelantado un poco (yendo por una acera ancha) y se ha presentado un mozalbete en bicicleta a gran velocidad y, sin reparar siquiera en el daño que podía haber ocasionado, ha seguido su camino como si tal cosa. Es lamentable que no pueda uno caminar tranquilo por las aceras, que están precisamente para eso.

Por cierto, me da la impresión de que muchos de los que conducen bicicletas no tienen ni idea de las normas que rigen la circulación. Y aún es peor, que los que las conocen no les prestan el mínimo respeto. A mi modo de ver, se incumplen sistemáticamente las normas más elementales de convivencia pacífica. Lo mismo les da ir por la acera que pasar por los pasos de cebra sin mirar si se acerca un coche o, si les parece, se incorporan a la circulación rodada cuando menos piensas.

Debería exigirse a los conductores de bicicleta que cumplan las normas de un conductor. Para mí sería imprescindible:

1.- Que pasen un examen de aptitud en el que demuestren que conocen las normas de circulación y que dominan el vehículo (bicicleta).

2.- Que cada bicicleta esté cubierta por una póliza de seguro.

3.- Que vayan protegidos con casco.

4.- Que circulen por los lugares habilitados para bicicletas o por la calzada destinada a vehículos, si no hay carril bici. Si necesitan pasar por la acera o por un paso de cebra, deben hacerlo a pie, llevando la bicicleta con la mano.

5.- Que la autoridad municipal sancione a quien no respete las normas.

Posiblemente, no es sencillo conseguir que todos los usuarios de bicicletas respeten las normas, pero es cuestión de tiempo y de constancia. Nadie creía en su momento que se iba a dejar de fumar en recintos cerrados. Al final se ha conseguido creando una norma y aplicándola. Si las ordenanzas no contemplan estos aspectos de la convivencia, habrá que plantearse que los derechos de unos terminan donde empiezan los de los otros. Si se estudia el asunto con interés, no tengo duda de que se puede crear una norma que nos devuelva el derecho de ir tranquilo por la acera y vaya aminorando los efectos de esta 'plaga' de las bicicletas en las aceras.